12.10.2007

La Hna. de William Morris - "Goffman institution"

-“Donde está mi corazón, puedo verla ya?”-
Una voz. Se parecía a la de mi tía Carmen.
-“Ah, perá porque hay un candado acá.”-
Otra voz. Una imagen, luz entre dos párpados que se entreabren, pero pesan y se pegotean... no tardan en cerrarse. Me ayudaron a pararme, cuidando que no me cayera. Una puerta y un pasillo.
-“Podés solita?”-
Mover la cabeza, fruncir el ceño y caminar hacia donde me llevan. No saber quién soy ni dónde estoy, no recordar nada, ni el segundo que acaba de pasar.
Lentamente sentirme un poco individuo. Saber mi nombre y estar cansada. Entregarle a un hombre mi mochila. Con dificultad tratar de pedirle que me la deje y escuchar
-“no, acá hay reglas sabés, dámela y cuando te vayas te la doy”-.
Cuando me vaya...
Dormir. Esta vez sin candado en las muñecas, sin tantas drogas encima. Silencio. Una ventana que da a la calle. Sonidos que no son mas que ruidos. Dormir.
Un despertar en la institución totalitaria de Goffman. Caminar por el pasillo largo, no recordar cómo ni cuando subí las escaleras que ahora iba bajando. Mirar a los costados, intentar ubicar los cuartos y los pasillos para saber cómo volver a mis cosas, a mi ropa, a una cama que no quise abrir y a una ventana que daba a la calle. Cuando bajé ya era la hora del almuerzo. Sería la primera y única vez que me dejarían dormir de más. Seis mesas de roble largas y mucha gente. El comedor olía a humedad, la pared del fondo chorreaba agua y los cuadros en las paredes parecían derretirse. Busqué una silla y traté de no escuchar los murmullos.
Justo frente a mí estaba sentada Maria Elena quien no tardó en presentarse:
-“Vos sabés cuándo me internaron a mi?...no me acuerdo desde cuándo estoy acá, cuándo me internaron a mi?”-
Vestía una bata de dormir celeste con un cuello bordado en blanco que combinaba con su pelo gris y sus ojos infantiles. Tomé mucha agua, recordaba que era necesario para eliminar las drogas. No recuerdo si comí.
Vino él con la cuchara y el polvo, en la otra mano el tapercito de medicaciones prolijamente organizado por apellidos y horarios.
-“A ver, abra bien la boca, usted tiene fama, por eso molida, dale, a ver...” –
- “Ahh, no!!! A mi ésta ya me la hicieron pasar, yo no tomo nada que no me abran enfrente entendés!!, yo no sé lo que me das ahí, así que no me jodas!”-
Al ver que me alteraba giró la vista en dirección a la mesa de los médicos y dejó registro de la situación con un movimiento de cabeza. Por la noche tomaría dosis doble.
La digestión. Pasto y sol. Cemento y bancos, pasto y sol, un regalo al alma.
Rodeado de edificios el patio parecía en construcción. Me descalcé y me puse a juntar colillas de cigarrillos que acumuladas en el pasto contaminaban la visión. Los internos me miraban, algunos se reían de la inutilidad de mi tarea.
-“para qué los juntas?, si los siguen tirando, déjalo así”-
Richard estaba sentado en el banco del fondo a la sombra con Alicia. Los dos rondarían los sesenta años. Él cebaba un mate listo taragui y ella con las rodillas juntas y la cabeza gacha movía sin cesar los pies hacia arriba y hacia abajo, como si quisiera entrar en calor. Ninguno hablaba con el otro, no hacia frío, imagen postal. Karen se acercó al banco porque Richard tenía galletitas de vainilla. Al ver el tamaño de Karen comprendí que no era buena idea que comiera galletitas así que se las pedí y sin decir palabra me las llevé a la otra punta del patio. Ella no tardó en movilizar su masa corporal con un esfuerzo tremendo para buscarlas. –“No te las lleves”- me dijo con una expresión de sufrimiento tal que no pude evitar agregar calorías a su realidad.
Mientras todo y nada sucedía, mientras comprendía lentamente sin darme cuenta que lo iba comprendiendo... me senté junto a la baranda, de frente al sol. Los que se iban sentando a mi alrededor conversaban y me miraban como esperando que diga algo. Yo sin embargo, estaba pendiente de la posición en la que debía ponerme para que el satélite tomara un buen ángulo de mi cuerpo. También levantaba la vista una que otra vez al escuchar el llanto de un bebé que se oía desde alguno de los balcones. La primera vez que lo escuché se me llenaron los ojos de lágrimas y supe entonces que era una prueba que debía superar: no debía llorar o ellos lo sabrían.
-“Vos crees en Dios?, hoy va a venir Dios y te va a decir que te podés ir.”- me dijo César. Los demás me miraron esperando respuesta pero sentí que responderle implicaba un esfuerzo mayor a la hora de elegir las palabras y gastarlas en alguien que no me cayó bien. Alterada me levante y entré. Salí del patio. Entrar era salir y todo lo que sucedería en adelante se regiría por las mismas reglas.
Tardé un poco en adaptar los ojos a la sombra hasta que volví a encontrarme con el mismo pasillo, el primer pasillo. Alguien salió de una de las puertas, tenía los brazos lastimados con cicatrices, muchas, rojas, un poco antiguas en una piel blanca, marcas de un pasado que cada día se le presentaba indeleble impidiéndole negar, desarmando en cada recuerdo la posibilidad de ser mas allá de lo que había sido. Se fue tan rápido como apareció.
Mientras se iba, del otro lado, él bajaba las escaleras. Estaba vestido a la moda y tenía unos auriculares colgando del cuello. Seguro ya lo habían contactado ellos, él tendría información. Me senté en la escalera impidiéndole el paso. Lo ametrallé a preguntas que con los ojos bien abiertos se cuidaba de responder convenientemente. Violencia. Le dije que viniera conmigo, me paré y abrí una de las puertas del largo pasillo que daba a uno de los cuartos. La misma puerta llena de cicatrices.
-“No, no, mirá, yo ya tuve muchos problemas, no se puede entrar una mujer y un hombre solos a un cuarto, no sabías vos?”-
-“Dale, qué?, te da miedo?”-
Me reía mientras lo miraba y miraba la puerta abierta, lo volvía a mirar a él y entraba medio cuerpo a la habitación. Violencia en mi mirada, agresividad con urgencia de información y él que no entendía. Se fue.
Me sentía cansada y entré al cuarto en el que hacía más frío. Al cerrar la puerta la oscuridad fue total y una vez más sentí que estaba superando una prueba: debía ser ciega y superar las circunstancias, ellos me verían. Encontré lánguidamente una de las tres camas y me recosté en posición fetal. Sentí presencias, no estaba sola. Por algún motivo supe que había habido niños chiquitos en esas habitaciones, niños que hoy estaban muertos. Supuse que se divertirían asustándome por lo que me anticipé y les empecé a cantar una canción.
-“Uno, dos y tres indiecitos, cuatro, cinco, seis indiecitos...”-
No se notó lo nerviosa y asustada que estaba. Cuando terminé de cantar me sentí relajada, les había gustado la canción.
-“Ahora chicos, ojito con portarse mal, eh? no se lastima a la gente, no quiero ver más cicatrices en los brazos de nadie, esta bien?”- dije en voz alta. Salí de la oscuridad otra vez al patio, tomándome fuertemente un brazo con el otro y refregándome las muñecas en un intento de caricias que acaso curarían cicatrices ajenas.

10.25.2007

Y DIOT DITO "QUE IDIOT"

Ya lo dijo él, haciendo uso de las palabras como fieles hormigas delineando todo el sentido.

Ya lo dijo él :"Hay que ser realmente idiota".

Porque no alcanza con serlo a medias, si uno lo es, debe serlo realmente, con todo lo que implica la idiotez. Caer en boca de quienes se deleitan de manera soberbia e inescrúpulosa definiéndose por oposición. Ser de los que rien en medio de la frase cuando la seriedad imperaba la escena.

Realmente idiota.

Suponer ante todo que la percepción es correcta, actuar en función de un solo objetivo, ser auténtico.Auténticamente idiota.

Y lamento caer en la repetición pero no creo que todos comprendan el verdadero significado de la palabra. Ser idiota no es lo mismo que ser tonto ni lento. Ser idiota implica poder desenvolverse sin inconvenientes alrededor de quienes no lo son, hasta que sucede ese crucial instante en que la idiotez queda al descubierto. Un idiota que resulta idiota frente a alguien que no lo es. Se define por quienes lo descubren idiota en la sobremesa, en la cotideaneidad que lo mantenía en una suerte de anonimato y por encima de todo en una actitud sumamente extrovertida. Digamos se convierte en idiota en la sorpresa de quienes no lo habían notado aún. Pasa a ser un individuo en concepto de idiota súbitamente.
Al idiota no le es sencillo percibir el instante en el cual se lo descubre y define. El idiota continúa actuando con la seguridad de quien también está en condiciones de determinar la existencia de otros idiotas.
Pero existe sin embargo el hecho del silencio, cuando el idiota guarda silencio y consecuentemente deja que alguien más determine el comentario, ese momento en el que el idiota se vuelve espectador y entonces es él mismo el que nota cuán idiota hubiera resultado para los demás su no efectuada acción o comentario. Entonces el idiota que nunca hubiera adivinado, comprende cuál es el parámetro externo y ajeno a sí mismo de la idiotez. Sin saberlo y sin realmente quererlo así, comienza a sentirse un poco idiota, pero feliz de que ésta vez nadie haya notado, gracias a su silencio, lo criticable de su pensamiento.

Un idiota una vez me dijo que seguramente habría gente más idiota que él criticando a gente aún más idiota, y a su vez más idiotas criticando a gente más idiota, etc.

Después de que me dijera eso, me sentí un poco idiota.

Y ahora que lo pienso después de escribir esto también.

10.08.2007

La hna. de William Morris-(previa) 2nda noche-


Maia sentada en el piso, tratando de construir esos barcos imposibles con fósforos que en algún momento, aseguró, metería en la botella de ron que giraba de vez en cuando en el piso.
El turco parado al lado del teléfono, esperando ese llamado y comiéndose las uñas mientras compulsivamente deshilachaba el apoya brazos del sillón.
Marco iba y venía de la cocina sumamente tenso y repetía una y otra vez que nunca había usado el horno –“nunca en mi vida, podés creer...y si cuando lo abro explota?, no, no...nonono...nooo, lo apago, ya fue”.
Kosca en la ducha descubría lo intenso de un masaje capilar gracias a un shampoo fragancia manzana, con la puerta abierta cada tanto nos dejaba escuchar un ‘Wuaw, try this...people’. Sara elongaba de piernas abiertas en bombacha y corpiño de espaldas a la cama donde Bruce no disimulaba su acto de masturbación debajo de la frazada. Salí al balcón. Esquivé el canasto lleno de gomas de borrar que Marco coleccionaba diciendo que algún día se acabaría la luz eléctrica y necesitaríamos combustible. Me senté en el piso. El tiempo se detuvo y me encontré sola frente a la sonrisa del gato colgando en el cielo. Cerré los ojos y su imagen llegó a mi, junto con un escalofrío en la boca del estómago. Balanceé mi cabeza esperando olvidarlo y entonces sonó el teléfono. Entré de un salto y todos adentro despertaron para prestar atención. El turco nos miró a todos con los ojos muy abiertos antes de contestar y previo a levantar el tubo estiró los brazos y abrió y cerró las manos sacudiendo la cabeza. Bruce, malhumorado, se levantó de la cama y enfiló al baño, no toleraba esos cortes abruptos llenos de sin sentido.
-Si soy yo, decime...se...cuándo?...okey, somos seis así que fijate vos. Sí seis que cuentan por seis. Pero te lo digo yo!, que te pasa?
Kosca salió de la ducha y totalmente desnuda se paró junto al turco, haciéndole caras de que no la hechara a perder...-’Don’t, don’t fuck this, do you hear me?-. El turco se dio vuelta y destapó un marcador con la boca, en la pared anotó un número de teléfono y cortó. Kosca lo empujó y casi lo escupe, pero el turco la agarró del brazo y se lo retorció al tiempo que le gritaba ‘mirá putita, acá el que la mueve soy yo, no me jodas’.
Marco destapó el tinto y se sentó en el piso junto a Sara quien se dejó sin decir palabra cuando él la recostó en el piso y le empezó a volcar vino en la espalda para después lamerlo lentamente. Maia había terminado, el masacote de fósforos y cola se desparramó en el piso un segundo después de que lo despegara de la alfombra. Ella quedó sentada con la mirada perdida en un agujero negro de desilusión. Una lágrima se le escapó y enseguida se paró y lo aplastó con todas sus fuerzas. El masacote quedaría pegado en la alfombra para siempre. Entonces lentamente se vio atraída por el vino, la lengua y la espalda que jugaban en el suelo al borde de la cama...pasó por la cocina y trajo un pote de dulce de leche...y los tres se embardurnaron como si se tratara de la última noche.
-Marco, dale sacá lo que tengas ahí adentro, tengo hambre.-Dijo el turco desde el sillón.
-Quién te dijo que tengo algo ahí...
-No te puedo creer, sos capaz...estuviste pelotudiando con el horno y no metiste nada?
Marco se paró, fue a la cocina y cerrando la puerta rompió un plato.
Sara indignada, se desparramó en la cama y prendió un sahumerio, era como si el llamado nos hubiera recordado que estábamos ahí.
El turco sacó la libretita negra y pasaba las hojas casi rompiéndolas en el apuro, levantaba la vista, miraba la pared y la bajaba de nuevo revolviendo las hojas sueltas.
Parada en la puerta del balcón observé la imagen y la fotografié en la memoria.
Sara yacía en bombacha junto a Maia y empezaban a acomodarse las dos en la cama. Cansada de tanto mirar, me fui directo al baño. Corrí la cortina y encontré a Bruce recostado en la bañadera bajo la lluvia de la ducha. El agua estaba fría y entré con él acostándome encima. Nos quedamos así, quietos un rato largo, yo subía y bajaba al ritmo de su respiración, él cada tanto me lamía el cuello absorbiendo parte del agua fresca hasta que ya no hubo quietud. El agua fría, sus manos en sectores que yo misma descubría propios, de ojos cerrados los dos...lentamente imprimiendo cada rincón como si estuviéramos ciegos y quisiéramos encontrar ese cuerpo en cada cuerpo.
Sonó el teléfono una vez más. No pude evitar abrir los ojos y separarme de eso que éramos, fuimos dos de nuevo y él me miró con desprecio, bruscamente me levantó y me sacó de la bañadera... él no podía entender, nunca quiso entender, mejor.
Empapada llegué al living para encontrar una vez más la imagen congelada y cuatro en silencio, algunos mirando fijo al turco, otros mirando al techo.
Maia salió de la cama y noté en Sara el mismo desprecio de los ojos de Bruce.
Esta vez el turco no habló. Escuchaba atentamente, se mordía el labio, se daba vuelta, caminaba, pero casi no dijo palabra...hasta que cerrando los ojos cortó. Kosca esta vez, suspiró y pateó un almohadón pero no dijo nada. Yo no aguanté más, me vestí y me fui, pero antes, entré a la cocina y apagué el horno, viendo como Marco, sentado en el piso intentaba pegar el plato con plastilina verde agua.
Salir a buscar. Salir y encontrar.
Una vez más, la noche.

9.30.2007

La hermana de William Morris- 1era. noche

No lo pude tolerar.
Salí como si hubiera sido escupida a la calle oscura. No me importaba caminar sola, no me molestaba de hecho estar casi desnuda con un gran porcentaje de mi ropa entre mis brazos. Llegué a la esquina mal iluminada y en la intersección de calles pude percibir lo desolado de la zona. Tampoco me incomodó el no estar segura de dónde me encontraba. Haberme ido me proporcionaba un alivio que ninguna otra circunstancia podría opacar. Me sentía sucia, cansada y una taquicardia se apoderaba lentamente del ritmo de mi pulso...acelerándolo, impidiéndome respirar. Me acerqué a la entrada de una casa, me senté y dudé por un segundo: prender un cigarrillo o ponerme la ropa...ponerme la ropa y después prender un cigarrillo. Fue ahí, cuando el nudo de telas se desarmó, que me di cuenta que había olvidado mis botas. Quería gritar pero putié, no tanto por tener que andar descalza sino porque realmente me gustaban esas botas. Aspiré nicotina como si fuera algo más...las ganas de gritar me sobraban en el cuerpo, pero la oscuridad me recordó lo expuesta que estaba al crimen. Sin embargo por alguna razón no podía sentir miedo. Estaba a salvo, me había ido. No se me ocurría que pudiera suceder algo peor de lo que acababa de escapar.
Pité una, dos, tres veces el cigarro. A la cuarta vez sentí un sabor amargo, algo húmedo y espeso. El hijo de puta me cortó el labio. Me reí cínicamente cuando en voz alta me dije “por lo menos fue ese solo”. El cigarrillo no alcanzaba, necesitaba algo fuerte y empecé a caminar. No tenía un peso encima pero eso nunca me había impedido una copa.
A las dos cuadras escuché un grito a la distancia que sólo sirvió para sacarme del transe. Tendría que haber gritado así yo, no sé porqué no grité así o más fuerte. Si sé. De nada servía mas que para agrandarme el tajo del labio. Estaba en una zona en donde un grito de ese estilo no parecía desentonar. De hecho nada parecía dejar de formar parte de toda esa escena.
Llegue a “ La coja Bizca” y entré. No había mesas, sólo una barra y una mesa de pool. Nadie pareció mirarme nada más que el escote y el culo. Pasé directo al baño con ganas de castrar a cada uno en el camino. No había espejo ni agua. No me sorprendió en lo absoluto, tampoco contrastaba el agujero en el piso que a falta de inodoro yacía rodeado de mierda. Un trago de vomito me subió la traquea pero no salió. No supe bien porqué seguía ahí adentro así que volví a la barra.
Un gordo pelado con apariencia de mal tipo me cedió su banquillo. Supongo que fue el primero en notar mi cara y mis pies. Pero no parecía sentir nada frente a eso, es más, en ese momento pensé que era probable que se sintiera con suerte: una mujer como yo, descalza y golpeada, tal vez le cobrara barato por un afelatio no muy fugaz. Eso mostraba su expresión y decidí sacarle provecho.
-Che, “Sincue”, no todas las noches un espectáculo como éste no? Que me decís?
La pelada grasienta del gordo era habitada por un puñado de pelos que no llegaba a ser mechón y que diagonalmente le dibujaba una línea más aceitosa aún.
“Sincue”, del otro lado de la barra, me acercó un cenicero y se apiadó de mi labio alcanzándome una servilleta con un gesto para que me limpie. No era pelado ni gordo. Sus ojos dejaban ver una expresión resignada, invadida por la nostalgia de quien cumple condena en soledad.
Mientras el grasiento me seguía observando, apagué el cigarrillo dejándole ver que no me intimidaba su lujuria. Sin levantar la vista de la brasa que iba extinguiendo lentamente con la presión de mis dedos, le pregunté a quién se la tenía que chupar para que alguien me invitara un trago. La grasa casi salpica de esa bocha que se sacudió de la sorpresa, con los ojos desorbitados y una sonrisa que mostraba su falta de dientes, “la grasa gorda” me preguntó:
–Blanca la señorita?-
Si. Ron.
“Sincue” suspiró comprendiendo lo estúpido que demostraba ser su cliente al ilusionarse y me sirvió una medida considerable. De un sorbo me volvió el alma al cuerpo. El gordo empezó a preguntarme algo que no escuché porque me di cuenta que me había clavado algo en el pie, algo que quedaría ahí. El dolor no llegaba a sentirse. El labio había dejado de sangrar, bien podía empezar a hacerlo el pie.
Cuando dejar de escucharlo ya no alcanzó y la insistencia de ese individuo desdentado me apresuraba el trago para irme lo mas pronto de ahí también, se escuchó del fondo que alguien caía peso muerto y junto con él una botella se estrelló en el suelo. Mientras “grasa” descuidadamente se volteó para ver qué había pasado, terminé mi ron de una, al tiempo que con una mirada le agradecía a ese hombre triste cuya cabeza no se separaba del cuerpo.

“Sincue” me guiño un ojo, y me fui.

8.22.2007

Trance infantil


Ella miraba hacia abajo. Su cabeza se balanceaba...lentamente, como si intentara arrullar sus ideas en un leve y casi imperceptible ir y venir del cráneo. Desde la puerta del baño la observaba en silencio, logrando recorrer su desnudez, percibiendo como en realidad era ella la que, sin querer, se manifestaba aún más desnuda por no prestarme atención. Sentada tan así, tan como si estuviera vestida, tan cómoda en su cuerpo como si la propia piel la protegiera de sí misma. Con una pierna extendida y la otra flexionada, una de sus manos sobre la rodilla y la otra columpiándose perezosamente, en un trance infantil. Toda ella engalanaba mi cama.
Se cortó la luz. Como si hubiera previsto que iba a pasar, y sin levantar la mirada, ella extendió la mano que reposaba en su rodilla y encendió la vela azul que agonizaba junto al grabador. Sólo cuando retomó su posición y después de rascarse suavemente el cuello, elevó su mentón, dejando que su mirada descansara en mis ojos. –Mirá –me dijo casi susurrando, y sus ojos despertaron para indicarme el trozo de sábana que protegía entre sus piernas abiertas. La mano que antes se movía ahora dejaba caer en el suelo un trozo de algo. Caminé intrigado y parado al borde de la cama desecha, descubrí entre el rombo de sus miembros su obra maestra. –Feliz cumpleaños- me deseó. Y en su sonrisa comprendí que ese garabato tenue de abstracta simbología, dibujado en ese ir y venir de una mente que durante mas de veinte minutos había bailado al compás de su mano, ese dibujo hecho con los restos de agua de un saquito de té, había logrado colmar las expectativas de la artista.

8.21.2007

NI TE IMAGINAS...


El portazo sonó hueco. Desde el fondo del pasillo el sonido irrumpió en mi dormitorio generándome un estado de confusión, en el cual sabía positivamente que no podría permanecer por mucho tiempo. Pateé la sábana, muy lentamente, como quién respeta el tiempo de cada miembro del cuerpo para despertarse...abrí del mismo modo mis ojos e intenté descifrar si era de día o de noche por la luz del ventanal. Un viento me ayudó a desperezarme y la sed me terminó de convencer. Había que salir de la cama. Una vez sentada sobre el colchón escuché, como si viniera de la casa del vecino, a Piazzolla, y lo entendí todo.
Piazzolla puede significar muchas cosas. Primero que nada la música sonaba en mi casa, porque a Doña Rosa solo le gusta la cumbia o en todo caso Sandro, pero al maestro no lo va a escuchar jamás. Segundo, cuando Martina escuchaba Piazzolla era hora de poner la pava y asumir esa responsabilidad.
Mientras sacudía el mate inercialmente, sin darme cuenta de la acción que mi brazo había resuelto, la acción no sólo de decidir actuar sino por encima de todo lo otro: actuar (un poco haciéndome el favor hasta que me despertara), sentí que subió el volumen...así que me fijé el agua, faltaba un rato. Subí el fuego. El volumen alto no era buena señal. Pero no concebí en absolutamente ningún momento, ni lo hubiera hecho jamás, el entrar despojada del mate. Me fijé la hora y enseguida me arrepentí, hubiera preferido no hacerlo. Para qué hay que enterarse de esas cosas cuando en nada modifica enterarse. Si llegás tarde y ya sabés que vas a llegar tarde. De qué le sirve a uno fijarse cada cinco minutos el reloj, como si esa ansiedad de medir el tiempo con la mente dejara de inquietarnos. Pero uno tiene que saber. Es así.
Con el mate en la izquierda, termo bajo el brazo y puchos en la derecha crucé el pasillo. La encontré en posición fetal jugando con un hilito que parecía ser el misterio sin descubrir del universo. Levantó la vista mi bien mis ojos ubicaron su mirada y suspiró. No pude evitar el gesto de resignación y la mueca medio en chiste medio en serio del ‘y ahora que’...pero ella sabía. No había mucho que explicar. Los primeros dos mates se los cebé en silencio. Antes del tercero bajé el volumen y me prendí un pucho. Silencio. No había nada que preguntar, solo escucharla. Yo sabía que ella valoraba más mi espera que incluso mi presencia ahí, sentada, a las 4 menos cuarto de la madrugada. Hay tanto más en los silencios, en entender que el que está a punto de escupir tanto sentimiento : necesita tiempo. Ese mismo que necesitamos medir pero que cuando los mates pasan y Piazzolla suena, no existe.
Cuando estiró la mano y me pidió el pucho la miré de nuevo a los ojos. Había angustia... era de esa que llega de la mano de la confusión. Esa pelota en el pecho que duele porque hay algo que no entendimos y que nos impide creernos la mentira de que algunas cosas las podemos controlar.
Silencio. Una vez más estiró la mano, esta vez sacó del primer cajón un papel. Desplegó el bollito y me leyó en voz entrecortada lo que decía.

"La vida es una gran parodia general en donde uno si es exclusivo, no se siente vivo. El entorno de su vida lo hace más atrevido.
Cómo me gustaría conocer el amor para que cada día que pase no se abra una página del libro del dolor."

Tragué saliva. Pité el cigarrillo. Yo también me angustié y eso me enojó. Cuando terminó de leerla me miró como si de lo que yo dijera dependiera la vida de alguien, estaba nerviosa y ella también pitó el cigarrillo, pero sin dejar de mirarme.
Mate, silencio, cigarrillo, Piazzolla, mate, silencio pero Piazzolla.
Por suerte entró Jesús y nos devolvió un poco la realidad. Jesús tenía la particularidad de ser un gato que se llama Jesús. Lo cual hacía que estuviera en boca de muchos. Cuando uno se llama Jesús suele pasar eso. Con Martina siempre recordábamos cómo había sido que llegó Jesús a nuestras vidas. Debatíamos si fue él el que nos encontró a nosotras o al revés. Por la manera que tenía de observarnos y los gestos que descifrábamos suponíamos que alguien a través de él (porqué no él mismo?) participaba de las conversaciones. Esa noche cruzó la puerta y se sentó justo en medio de las dos. Ninguna dijo nada, pero lentamente Martina se recostó sobre la almohada y yo estiré las piernas. Entonces el disco terminó.
No era la primera vez que nos pasaba esto. De haberlo sido ninguna de las dos hubiéramos podido, como de hecho hicimos, intentar poner en palabras lo que esa noche significaba. Lo que ese papel significaba. El silencio en este caso no era un opción. Hay cosas que si uno calla o niega éstas terminan por desviarlo y las dos lo sabíamos muy bien. Demasiado bien como para cometer un error semejante. Sin embargo, así como la felicidad que uno puede llegar a sentir es absolutamente proporcional al sufrimiento que uno también conoció, en este caso ambas dos percibimos que el sagrado silencio solo podía ser destruido por ciertas palabras. Ninguna sabía hasta entonces por donde empezar.
Cuándo fue la última vez? Pude decir. Hubiera podido. Pero no lo dije. Lo pensé, lo gesticulé...y ella asintió. También empezó a intentar dejar de olvidar. El silencio ahora si era total, o parcial si elegíamos prestar atención al motor de la heladera o al depósito del baño de Doña Rosa. Como harta de tanta tensión me paré, agarré a Jesús y acariciándole el lomo caminé por la habitación. Ahora mis pasos sonaban y mi espalda descargaba un poco el peso de tanto alboroto mental.
Hacía demasiado tiempo que estábamos en silencio. Cuánta cabeza tiene uno en el cuerpo. Me incomodó mas eso que todo lo que veníamos pensando, así que por fin le dije que me volviera a leer el papel. Cuando terminó la miré, como autorizándola a que me cuente. Ahora ya era momento de entrar en los detalles que de nada sirven pero que lo son todo, absolutamente todo. Me contó evitando sumergirse en banalidades, que había sido de noche, el miércoles anterior. Que estuvo ocho horas también. Al llegar a este dato se quebró. No lloró mucho, solo lo suficiente para seguir hablando. Otra vez el hilito entre sus dedos era el centro del universo...pero ya no un misterio. Mientras ella lloraba me volví a sentar y cerré los ojos. Yo sin llorar lloré un poco también. Jesús se me escapó de las manos y se fue del cuarto. Otra vez las dos solas...pero ya no presas del silencio. Ocho horas, repitió. Ahora sí ella necesitaba que yo no espere mas y le pregunté:
Donde?,
En palermo, en retiro. Después...- y al llegar a esta palabra abrió los ojos grandes, como advirtiéndome que ella se sorprendía tanto que temía un poco que no le creyera- en 7 colectivos diferentes. -.
Otra vez el silencio. Esta vez necesité desviar mi atención a uno de esos pensamientos que ayudan a descomprimir. El mate. Si hubiera sabido de qué se trataba todo esto le hubiera puesto yuyos. Qué lejos estaba ahora de mí la persona que fuí en la cocina. Esto lo redefinía todo.
Martina estaba asustaba. No quiso uno cuando le ofrecí...-debe estar lavado- me dijo. Pero yo la conozco a Martina, no podía tragar ni agua a esa altura de la noche. Me lo tomé yo. Me prendí otro pucho y la miré a los ojos. Muy seriamente le dije – esto lo hablamos hoy sin falta- y por primera vez desde que entré al cuarto dejó de jugar con el hilito.
Cuando dos personas se conocen tanto, preguntar cosas del tipo ‘estás segura’ hubiera sido un insulto. De golpe me invadieron imágenes de esa noche, tal y como si hubiera estado con ella. La vi confundida en la parada del colectivo, fumando y mirando a todos lados, paranoica. Certeramente paranoica. La vi sentada del lado de la ventanilla respirando profundo, viendo sin querer pero no pudiendo evitarlo, como cuando uno que ya aprendió a leer, por mas que lo intente, no puede evitar saber lo que está escrito. La vi cerrando los ojos y tarareando canciones de la novicia rebelde, para tranquilizarse a ella misma. Y de tanto verla la sentí. Y de tanto sentirla la entendí. Aunque bastaba recordar mi pasado para hacer lo mismo. Quizás fue eso lo que me impedía compadecerme de su temor. Era algo que yo conocía y de lo cual ya no podía escapar. Pero que lejos de paralizarme, a la larga, me fortaleció. A ella también le llegaría su momento. Paciencia. El silencio. La espera.
Amanecía mientras tanto. Este momento merecía una tregua así que me levanté y traje algo de comer. Martina entendió mi mirada y sin ganas agarró la galletita. Con esto no se jode, pensé. Y si esto había pasado el miércoles seguramente no había estado comiendo. Doña Rosa siempre hacía ruido. Era su manera de definirse sobre la tierra. Necesitaba que se enteraran que ella estaba acá. Acá en su casa, acá en el barrio, acá en la vida. Porque el silencio la deprimía tanto como la pobreza. No sabía estar sola porque se sentía sola. A pesar de Jesús que siempre bajaba a visitarla. O que nunca se iba.
Desconecté el teléfono. Ninguna llamada podía ser tan importante un sábado a la mañana y sí lo era la privacidad. Con la luz del sol todo parecía menos terrible. Martina comía y yo también. Pero hubo un instante en que descifré en sus ojos el agotamiento mental. El miedo es lo que nos hace sentir muertos en vida. Igual que la tristeza que en mi opinión es un miedo más.
- Pensé que...creí que se había terminado.- Me dijo como iniciando la conversación que veníamos postergando. –Justo cuando empezaba a dejar de estar pendiente-
- No hace falta que te conteste o si? Sabés bien que por eso mismo todo vuelve.
- Si...ya sé, me doy cuenta pero...ya lo sabía y sin embargo me olvidé! Es como volver a saber, pero peor, porque en la ignorancia existe cierta excusa. Ojalá dejara de sorprenderme tanto.

Martina es muy inteligente. Sin embargo no se sabía expresar. Yo sabía que lo que quiso decir con esa última frase no fue precisamente eso. Si nada la sorprendiera se quejaría igual. Ella quería dejar de asustarse. Y dejar de olvidar, intento mediante el cual suponía que el miedo podía llegar a disolverse.
Una vez alguien me preguntó un poco inocentemente, a dónde se va la conciencia cuando dejamos de prestar atención. Es una buena pregunta, en la medida que uno no necesite responderla. En el caso de Martina, olvidar era un mecanismo de defensa. Que paradójicamente la convertía en el ser mas expuesto y vulnerable. Tarde o temprano un suceso, un olor, una canción, incluso un sueño (en el que inevitablemente el resto diurno no tiene chance ni nada puede hacer frente a la poderosa irrupción de lo que nos debía volver a sacudir) nos devuelven la memoria. Y eso de lo que necesitamos escapar se pega como chicle viejo a este presente en el que debemos preguntarnos cuánto de pasado contiene ya.
Mientras la veía tirada en la cama con la mirada perdida en el techo, me resonaban sus palabras: ya lo sabía y sin embargo me olvide. El olvido se convierte en excusa porque aparentemente nos es imposible evitarlo, sucede a pesar de nosotros en un acto de supuesto descuido. Pero lo cierto es que uno siempre olvida recordar. No olvida lo que no recuerda, sino que olvida el acto de recordar. Y en la mayoría de los casos ese evitar recordar si es adrede. Evitamos ahondar en el pasado, sobre todo si éste nos confunde. Porque es como repetir en secuencia la frustración de algo que a menos que lo recordemos, desaparece. No es. No fue. Y no puede (y ahora sí esto depende de nosotros) volver a ser.
Me soné los dedos de las manos y me levanté. Había que buscar eso que ahora volvía a ser, eso que muy a pesar nuestro, decidía seguir siendo. Había que sentarse a removerlo todo. Y solo lo podíamos hacer hablando. Me senté a sus pies con la espalda contra la pared.
Decime que no la conocías la frase, por favor...- dijo con expresión de plegaria.
Solo pude asentir con la cabeza apretando los labios, cerrando levemente los ojos y abriéndolos en seguida esperando encontrar esa mirada llena de desconsuelo, de saturación y desconcierto. Se puso otra vez a llorar pero esta vez sin temblequeo, sin falta de aire...era un llanto que limitaba con la emoción. Porque ante semejante suceso, tras el miedo de lo desconocido se trasluce la inevitable irrupción de la fascinación, la necesidad de atribuirle algún tipo de sortilegio oculto a nuestra capacidad de comprensión. Nos miramos un largo rato. Ella con sus grandes ojos, preguntándomelo todo, sin decir palabra... gritando sin pestañar y en silencio absoluto, clamando con sus pupilas que le trasmitiera el secreto que me permitía a mi no estar llorando.
Creeme cuando te digo que te entiendo Martina. Al principio nos supera definitivamente. Y nos determina asimismo. No hay forma de evitar que te sientas así, de nada sirve. Pero tal vez si compartimos los detalles, posiblemente, y esto no lo puedo afirmar, te sientas menos sola.
Verla así me obligo a trasportarme a ese instante de mi vida por el cual lograba esa mañana entenderla. Mi pasado almacenaba ciertos instantes de igual intensidad, pero había habido un primer momento, ese que Martina estaba viviendo, ese por el cual se redefinían concepciones del mundo en su totalidad, ese que hacía que la sorpresa en sí fuera al mismo tiempo asombro, admiración, pasmo, se convirtiera en maravilla para descomponerse en la extrañeza, el desconcierto, sería también estupor derivado en espanto, derivado en impresión . Con la diferencia fundamental que ella, tenia en frente a alguien que le estaba diciendo ‘te entiendo’. Y yo había tenido que esperar hasta éste momento, en el que ella llorando me pedía que le cuente, para sentir que después de tantos años era posible que alguien vislumbrara por haberlo vivido, aunque sea una escasa sombra de lo que yo sentí.

8.19.2007

Zaping, Sol


Tememos lo que no creemos comprender. Porque en caso que, a pesar de estar entendiéndolo todo mal, creamos realmente que sabemos bien lo que pasa (o pasará) ese temor tiende a no surgir.
Un poco lo mismo que cuando alguien nos está explicando y a mitad de la frase nos surge una duda, una incógnita que nos escupe del contexto – que mientras siga ella ahí sentiremos que nada de lo que continúa siendo explicado nos será realmente develado – y es entonces donde pueden suceder dos cosas: podemos permanecer en silencio y esperar que quizás con suerte en lo que sigue de la explicación hallemos la respuesta a nuestra tan intrusiva e incómoda pregunta; o bien, padecer de lleno ese agujero negro que tiñe lentamente, a medida que nos siguen explicando, toda posibilidad de que nos creamos aptos de comprender...impidiendo de hecho el poder permanecer prestando atención.
Me resulta clave esta noción de creencia.
Casua-causalmente hace unos meses atrás me descubrí sintiendo nuevas sensaciones frente al término. Coincidió con una especie de intriga antropológica frente a los efectos de las religiones. Un poco desde lo simbólico social, un poco desde lo cósmico-espiritual.
Recordé por aquellos días esta idea de que cada hombre elige su religión en cierta medida. Independientemente de la familia o el país (cultura) que lo haya engendrado, también un Tecn. Analista de Sistemas (o un Programador, etc) cree en su mundo cibernético que le permite reducir su realidad a un campo en el cual se siente seguro, en el cual cree positivamente existe cierta clase de evolución. Elige en qué cree, le da cuerpo a su dios. Aún cuando no se detenga a meditarlo, aún cuando incluso lo niegue, el simple hecho de dedicar su vida a estudiar y tratar de comprender –porque siente, quiere y cree que puede- ese mundo de códigos y contraseñas, ya determina su inclinación de lo que supone útil y trascendente. Se sentirá inspirado y conmovido (tal vez tanto o más que un sacerdote) frente a las innovaciones cibernéticas que redefinen a la humanidad entera despojándola de límites. Éste entendido de las máquinas y los circuitos cree tanto en el hombre como el hombre mismo que es. Cree quizás más que el sacerdote quien cree en el dios que creó al hombre. Para éste, su dios es una creación-descubrimiento-invento del mismo hombre. No se pregunta para qué está acá sino que a cada descubrimiento, a cada cruce de fronteras recibe una respuesta sin siquiera formular pregunta.
Ahora bien, éste hombre, que cree en la creación del hombre, no convive casi con hombres. Porque su mundo, su realidad computarizada lo impulsó a desentenderse, por simple comodidad, de las complicadas y jeroglíficas sensaciones humanas.
Le resulta imposible a cada día que pasa, comprender cómo es posible que la misma raza –con idénticas aptitudes y con rasgos genéticos instintivos de iguales características- que inventó a su dios-máquina, sea capaz de recibirlo tirada del lado derecho del sillón con la nariz roja y los ojos hinchados de tanto llorar, saludándolo con un reproche por la hora, por un llamado no atendido, por una toalla mojada que mil veces no debería haber quedado tirada en el baño y que cuántas veces más lo va a tener que decir si en definitiva ahí las palabras ya no significaban nada, se gastaban de tanto repetir...y en medio de todo eso un pañuelo más que de un soplido aumentaba su peso absoluto para ir a parar al rincón.
Toda la admiración de dios reducida a un rincón lleno de mocos. Y sin embargo eso era la humanidad. Con la incongruente nube que caprichosamente nos ocultaba el sol de la revelación. No era más que su anomalía. Su nube. Su incógnita no preguntada a tiempo.
Nunca dudaría en su capacidad de comprender teorías de Análisis Matemático III, cátedra única. Porque la duda hubiera implicado la posibilidad de no comprender. Sin embargo cuando los pañuelos se amontonaban en el rincón, la nube lo sumergía en la tiniebla. Dejaba de ser súbitamente ‘el hombre creado por dios’ que puede estudiar ‘el dios que creó el hombre’, para pasar a ser el hombre-hormiga que sale sin paraguas y que empapado y desprevenido se encuentra a sí mismo días después, aturdido y un poco riendo para no enloquecer, sentado a la izquierda del sillón, con mocos, pañuelos y sed. Entonces se acuerda (sólo porque tiene tiempo, sólo porque ahora lo siente) que tiene un cuerpo y que el cuerpo le duele. Le molesta casi tanto como la nube de incógnitas o tal vez más; se funden ambas molestias en una sola tormenta de nubes púrpuras con algún que otro rayo que ilumina pero sólo para mostrar lo oscuro de las entrelazadas masas de aire y agua y electricidad. La verdadera luz, la calma real, aún esta lejos. Ahora tan solo mocos en el rincón.
Quizás. Porqué no? Otra vez el hombre lo rescata del hormiguero y le pone entre los dedos el control. Sentado a la izquierda del sillón, basta con mirarlo para nuevamente sentirse un poco menos inseguro, lo que alcanza para creer que es seguridad. Entonces ya no es más él ahí, ya no es más mocos y toallas, ahora él es pasos en la luna, él es rayos láser, él es robótica avanzada. Él, que sentado ahí ahora que es toda la humanidad, puede incluso sonarse la nariz sin ser mocos, tomando firmemente el control y encendiendo la caja que irónicamente lo alejaba de ser bobo, sentirse bobo. La boba.
(El contraste de un bobo cerca siempre nos recuerda una inteligenciaausente...en el presente en mi...en él, presente en mi...en mi presente inteligencia)
Encendió la caja y sintió que la nube se evaporaba cual burbuja que explota apenas salpicando. Ya fuera de la tormenta, doscientos canales que lo acercaban al mundo y lo alejaban del sillón. Colores, sonidos soundround, megapixeles en la ventana mundial. El hombre y su fabulosa humanidad. Zaping. Sol. Se asomó a mega-construcciones, puentes y represas, gente que mueve casa enteras. Tiempos que se reducen, fronteras que se cruzan. Ciencia-tecnología. Sonreía sintiéndose parte. Su mismo idioma. Su dios, creado un poco también por él ahí en televisión, como un documental de su propia pasión. Un poco él ahí. En la televisión del mundo. Un poco él ahí. Un poco de él en el mundo.
Luego un viento.
Esa mega-construcción que derivó en sonrisa descansaba sobre arenas movedizas y resultó imposible evitar que se pierda lentamente pero acaso demasiado rápido como cenizas del cenicero de la ventana.
Eso fue. Un viento leve. Sin tormenta. No era necesaria esta vez. Sin tormenta un viento simple...desde la ventana.
Porque una vez más la incongruencia lo derrumba. Eso que no es posible que él crea que puede comprender. Porque no cree en sistemas paralelos. Porque creer implicaría descreer de otras cosas y no podía negar bajo ningún punto de vista su mega-estructura.
Cómo era posible que en el mismo canal de su mundo televisor, en el documental de su pasión por el hombre, existiera un fragmento dedicado a la Astrología y la carta natal y a la no-ciencia explicada como ciencia y los mocos en el rincón manchándolo todo?! Devolviéndolo al hormiguero en el que sin comunidad la hormiga se pierde y muere y la nube nuevamente cubriéndolo todo y sus propios mocos mediocridad sin sentido, y qué lejos entonces de estar en la televisión si el mismo canal...
He aquí un nuevo dios. A pesar de compartir en cierta medida parte de su idioma Análisis Matemático III, cátedra única, no va a considerar jamás como ciencia el estudio de los astros en función del comportamiento del hombre ni de sus características. Todos los mismos mocos separaditos en diferentes pañuelos. Pero mocos al fin, todos síntoma del mismo virus de lo no exacto, de lo especulativo, de lo instintivo que lo alejaba tanto de su noción de hombre actual. El instinto servía en la selva y hoy le corresponde a los animales. La ciencia nada puede tener que ver.
Así nuestro analista de sistemas descree de lo no exacto. Cree en el virus. Compulsivamente se suena una y otra vez los mocos y separados en bollitos descansan en el rincón la Astrología, la Psicología, la Antropología y demás gías.
Descree. No las necesita sino por el contrario lo contaminan.
Y es tan válido como el yoghi que medita en la montaña. Éste descree de la máquina y no consume. No lo necesita sino por el contrario lo contamina.

Submundos absolutos. Para conocer creo en la información que absorbo, sino descarto. Busco en donde de antemano sé que voy a encontrar.
Aunque mientras tanto no me de cuenta. Aunque inclusive de hecho, lo niegue.

CHEZ-TOI

El domingo.
Mañana es también, pero yo me refiero a el anterior. Estábamos él y yo. Sentados frente a frente, absortos en el pensamiento. Un pensamiento unificado por las circunstancias, pero opuesto...pensábamos juntos pero compitiendo. El silencio confundía por momentos las ideas...ambos habíamos ya apagado el cigarrillo y retomábamos la completa atención.
La demás gente de la casa respetaba este ritual, un espacio de silencio y soledad. En el que solo él y yo frente al tablero. La siguiente movida le correspondía, yo estaba a la espera...pero alerta. Él me había enseñado todo lo que yo hacía años venía perfeccionando. Ganarle no era solamente ganarle, era como ganarme a mi.
Entonces lo sentí en la piel. Ese momento, ese segundo, ese instante infinito quedaría grabado para siempre en mi alma, recordándolo a él, a mi, a nosotros así...Supe entonces que escucharía por siempre el silencio penetrar en los oídos y que el aroma del parissienne apagado a mi izquierda quedaría impregnado en la memoria. Por siempre esa imagen sería causante de sonrisas, evocando un instante en que nuestros pensamientos se fusionaban... seguían fusionados...pero yo sabía que no podía ser eterno, que como todas las imágenes vívidas esa también dejaría de estar como suspendida en el tiempo, en una burbuja de calma y conciencia de atemporalidad, para que algo o alguien o yo misma le devuelva su cuota de realidad. Entonces él movió.
Dejé de ser espectadora de la escena. Enseguida olvidé que algún día estaría recordándonos, para empezar a dibujar ese destino que nadie nunca hubiera podido haber determinado, nadie excepto yo, que ahora sí elegía adelantar la dama y olvidarme que en realidad para la movida que venía planeando, me faltaban dos movidas...me sobraba una de sus torres y mi rey había quedado demasiado expuesto. Opciones, que son mil, que son dos, que es una, pero que son siempre todas al mismo tiempo., opté por atacar. La dama ya estaba en posición. Me sobraba una torre, me faltaban dos movidas para posicionarme y él, él no estaba fumando.
Entonces sucedió. Esa alternativa no había tenido contemplación, inesperado resultado. No estaba fumando, pero igual... igual se equivocó. Adelantó la torre que me sobraba y acto seguido la perdió. Supimos entonces que en dos movidas era jaque mate, él había perdido.
Nada hubiera impedido que esa tarde se grabara en mi memoria. Indiferente me hubiera sido el resultado de la partida, el orden de los hechos, si hubiera llovido o si el gato no hubiera venido a distraerme al inicio del juego.
Pero sí hubo algo que marcó la diferencia. En mi estrategia, muy en mi interior, hubo una posibilidad que no tuvo contemplación. Me sorprendí con su error.
Pero si bien no era la primera vez que le había ganado...no fue por haberlo hecho que sonreí aún más.
Fue por no haber imaginado nunca, por no haberle dado espacio a la duda, por asumir que no, que él, mi papá, no se iba a equivocar.


Ella si él nunca jamás

Ella sabía bien que hacer, el plan estaba ya trazado...una suerte de tiempo real, de urgencia inmediata pero sin prisa, con todo el tiempo de ella, total él tenia suerte, siempre la tuvo.

Aun cuando pensó que no, las comas dejaron de existir y ella volvía a ver los peces jugar. Allá donde a veces es oscuro pero que siempre es más tranquilo, donde nada ni nadie podría nunca molestar.

Lo cierto fue que ella seguía malgastando pero nunca del todo mal...en definitiva no eran más papeles los que le permitían recordar, ya no. Se comunicaba en otra lengua, solo la de él le interesaba así que la aprendió, con h.

“Escrito en el cuerpo” pensó, al tiempo que comprendió súbitamente cuán ininteligible resultaba su propia piel. Ella no, él sí...él si ella jamás.

Todo llega hasta el fin. Y los puntos duales definitivamente decidieron desvanecerse, ya no eran dudas ni división, eran Dios.

La muerta lengua que jamás dejaría ella de preferir.
Cuán muerta si...”Cuán Muerta”, se preguntó.

Nadie Detiene Eso en Un Lugar.
Eso se filtra, se escurre, eso quema y se esfuma,
eso se evapora pero llueve después.

Eso Siempre Es Sin Punto.
Eso fue lo que ella siempre sin puntos comas ni paréntesis.
Eso fue lo que él cuando ella.
Ella sin él, ella si él no, pero nunca él si ella jamás.

(invierno 2006)

Que se yo, viste

Se me había tapado la bombilla, podes creer? Y justo que estaba por venir la Tuti, justo la Tuti además, por que si hubiera sido que venía Carla todavía...la charla con Carla puede ser perfectamente con café, té...hasta chocolatada, mirá lo que te digo. Pero con la Tuti, vos sabés como es. Me estaba vistiendo para ir a comprar otra, cuando me acordé que para la mudanza el Tito había tenido que comprar una porque estuvimos como dos semanas para encontrar las cosas y enseguida buscando buscando la encontré. Era de esas baratas, viste, pero para salir del paso estaba perfecta.
No, el Tito se había ido al autódromo, sino ni le digo a la Tuti que venga. Hay cosas que con el viejo enfrente no podemos hablar , viste como se pone...no te dice nada, pero va y viene por el pasillo tratando de escuchar algo y si pasa como la vuelta en que la Tuti se escapó con el Holandés aquel , ah, no te contó esa?, bueno, la anécdota en sí no importa, pero esa tarde cuando se fue ella, no sabés el escándalo que me armó... él sabe que no es así, pero a veces le da miedo que yo quiera hacer las mismas cosas, como que...andá a saber lo que le pasa por la cabeza al viejo. Si todavía después de casi 25 años que estamos juntos me hace esa escena, que querés que te diga?, a mi me gusta, se me hace el celoso, entendés? El viejo me cuida pero siempre pensó que la Tuti estaba mal. No entiende que siempre fue así y yo no le puedo contar las cosas que hacíamos las dos cuando éramos pibas, te podrás imaginar, se me muere ahí nomás.
Bueno, la cosa que cuando Tuti llegó yo ya tenía el mate listo y nos fuimos a la terracita, corría mejor viento arriba y la media sombra que le compró Tito a Sergio nos salvó la vida. Ese día la noté medio apagada cuando llegó, me dijo que estaba mal dormida pero yo sé que no era solo sueño, suspiraba de más la flaca y le pregunté, pero tardó un rato largo para ponerse a hablar en serio. Siempre es así, pasa que con la Tuti nos conocemos tanto que las cosas las contamos a medias viste?, es como que ella me cuenta dos o tres cosas claves y yo ya me imagino qué pensó, qué le dijo al ‘latin lover’ de turno. Si me mira de reojo es que cuando se acostaron la pasaron más que ‘bien’ pero no tanto como ‘muy bien’, si mira para arriba, como diciendo ‘gracias Dios’ es que fue uno de esos atentos y generosos, ahora , si a esa mirada le agrega manos y brazos hacia arriba, sé que la hizo gritar...jaja, sí, con la Tuti te digo, nos conocemos mucho... y a mi me da un poco de gracia a veces, porque claro, la que me cuenta es ella, yo del Tito que le voy a contar, entonces como que a veces me sorprendo de algo y ella me mira grande, como diciendo...de que te reís? Y yo no sé...esta Tuti es una loca de la guerra.
Pero te digo, esa tarde estaba diferente, me contó medio sin ganas del viaje que había hecho a Tandil y sonaba como desganada, pero al rato sacó las fotos y ahí sí que nos reímos de lo lindo. Había conocido a un tipo que se vé que le gustó, y la flaca, viste como es, no se está con vueltas. Me contó todas y cada de las estrategias para insinuarse, esas que en el cumpleaños de Rosita nos descostillamos de la risa enumerando, te acordás?, sí!, jaja...bueno, esta vez pasó desde hacerse la que estaba perdida hasta la del, ‘no nos conocemos de algún lado?’ Pero la guacha sabés lo que le dijo encima?, no le dijo así, se hizo la que lo confundió con Mauro, te acordás de Mauro el de la cama solar que sólo se hacía facial?, que lindo que estaba ese...lástima que parecía maquillaje, que desastre...bueno, dice la Tuti que se parecían, entonces de una lo encaró a éste de Tandil, pero escuchá lo que pasó: resulta que hacía veinte días que le estaba dando vueltas y naaada, el tipo muy caballero siempre, igual le daba charla y hasta la invitó a comer un día, pero naaada, che...y la Tuti con el cuerpo que tiene viste?, no está acostumbrada a que le digan que no. Me contó que una tarde el tipo le dice que estaba esperando que llegue el socio, parece que tenían un negocio con ovejas, viste? Un tipo con plata se vé, que sé yo, pero viste que a la Tuti eso no le importa...entonces me cuenta que al día siguiente ella llegó a pensar que se iba a tener que disfrazar de oveja y aprender el ‘mmmeeeeeee’’jajajajaja, podes creer? Esta Tuti es terrible, me atraganté con el mate cuando me contó. Que se yo, me decía ella, quién te dice que el tipo de tanto vivir en el campo se encariño con alguna...sobre gustos no hay nada escrito, me decía, que personaje! Pero bueno, la que no se imaginó jamás y cuando me lo contó yo tampoco lo podía creer es que resulta que cuando llegó el socio parece que era la pareja viste? Dice, porque le contó la chica del restaurante de hotel, que cuando llegó cambiaron la habitación por una con cama grande, que barbaridad, vieja, las cosas cambian demasiado. Pero la Tuti cuando se enteró le vino bárbaro, porque pensaba que era por ella que el tipo no hacía nada. Y al final me contó que los últimos días salían los tres a bailar y se mató de la risa. La pasó lindo, ese viaje le despejó un poco las ideas porque justo fue para cuando murió Juanita. Claro, por eso fue que se fue.
Pero bueno, así como nos reímos después al rato la flaca se volvió a desenchufar y yo sabía que algo le pasaba, así que le empecé a contar de cuando la Chichu tuvo el accidente, te había contado a vos? No...? es que al final no fue nada, pero pobrecita estuvo casi un mes con la patita enyesada. Y si, ya está viejita, va a cumplir los 11 ahora en abril, mirá, no quiero ní pensar, pobrecita.
Ahí la Tuti como que se aflojó, nos empezamos a acordar de cuando Tito me la trajo, parecía un pompón la Chichu, quién hubiera dicho que iba a crecer tanto después, no? y del año que nos fuimos todos a Gualeguaychú , creo que fueron las últimas vacaciones que tuvimos juntas con la Tuti, porque ella después con esto de los vuelos nunca tenía vacaciones en verano. Y ahí si, me miró y me dijo que después de tanto tiempo como que se arrepentía un poco de haber seguido con la vida de azafata. Yo sabía que estaba pensando en Sergio cuando nos acordamos de ese viaje. Porque los cuatro ese verano la pasamos de bien, negra...te digo, esos dos eran tal para cual. Pero después, cuando volvimos, al tiempito, ella empezó con esto de la independencia, de que era muy joven y quería conocer el mundo, otras experiencias, decía. No sé que fue que le pasó, Tuti tenía esas cosas, como que se aburre, viste?, y se le mete algo en la cabeza y no hay quién la pare. Yo que querés que te diga?, para mí que en ese momento se asustó, porque la cosa con Sergio venía bien, venía en serio y ella no estaba acostumbrada a sentirse así, como que necesitaba de alguien y no se lo bancó. Al final se recibió y cuando empezó a trabajar la cosa no duró mucho, si ella no estaba nunca. Sergio estaaaba en esa época, no sabés! Venía a casa y se quedaban con Tito hablando hasta las tres, las cuatro de la mañana. Y a mi me dolió mucho eso, al final, como que yo también me había hecho la película viste? Éramos siempre los cuatro, las partidas de truco, el asado los domingos, fue como que nos separamos todos después de eso. Sergio se mudó y con Tito se siguen viendo mucho pero, como él sabe que yo soy amiga de la Tuti casi no viene a casa. Lo entiendo, que querés?
Pero esa tarde te digo, Tuti suspiraba de más, negra, la flaca no estaba bien, yo creo que se dio cuenta de que se le venían los años encima y en el fondo ella siempre esperaba que algún tipo de ahí la enamore viste? No sé, ella quiso viajar, pero si no tenés con quién sacarte la foto...que querés que te diga?.
Y entonces me dijo que después de Sergio nunca se sintió bien con nadie. Enseguida me prendí un pucho y le pasé el mate, hacía años que Tuti no nombraba a Sergio y yo nunca le decía nada, que sé yo, así que la dejé que hable.
Me contó que estaba medio nostálgica, que había soñado hacía una semana más o menos y que después de ahí no paró de pensar en él. Como que le vinieron todos los recuerdos juntos, me dijo. Se había dado cuenta que desde aquella época, no sabía si por él o bien porqué, pero que no se reía más a carcajadas, no me acuerdo de la última vez, a vos te parece posible? me dijo. Fue fuerte cuando la escuché me acuerdo, porque yo hacía rato le había comentado lo mismo al Tito, y sentí que estaba empezando a verse a ella misma, de verdad, te juro. Me puse contenta pero la seguí escuchando, no le dije nada.
Me contó que, por una cosa u otra, después de él nunca había durado mucho tiempo con ninguno. O se aburría, o tenía la excusa de los viajes...pero la verdad que nunca sintió que ninguno la llegara a conocer. A esa altura ya estaba muy triste la flaca, se le notaba en la voz. Y mirá que la flaca es dura, eh? Vos sabés...nunca la había visto así.
Entonces fue cuando me contó de la vez que se fueron juntos a Mar del plata. Te acordás?, cuando se fueron un fin de semana los dos?, que Sergio había ganado buena guita en el casino y se la llevó por el aniversario., la flaca no se la esperaba ni de casualidad y él? Que encima no le dijo a dónde iban!, la subió al Fiat y ella se fue dando cuenta por la ruta. Estaba tan contenta cuando volvieron, me acuerdo.
Pero esa tarde en la terraza Tuti me contó que ese viaje había marcado el antes y el después en su relación. Por eso me asusté, me dijo. Ahora me doy cuenta, me dijo.
Fue la primera vez que me contó de Sergio detalles de la intimidad. Con todos los demás nunca había tenido problema, pero de Sergio jamás. Es como yo con el Tito, supongo, cuando en la cama hay más que sexo no se cuenta. Igual me contó pero poco, y más que nada me dijo que fue la primera vez que había llorado. Si, negra, se emocionó hasta las lágrimas la flaca después de hacer el amor, mirá, se me pone la piel de gallina, tocá.
Esa noche en el hotel él sacó el tema del matrimonio. Ella no le dió mucha importancia porque sabía lo que pensaba Sergio de eso, ya vivían juntos y él muchas veces le había dicho que un papel es un contrato y que él no mezclaba los negocios con la familia. Pero esa noche, Sergio se lo dijo por otra cosa. Quería que tuvieran un hijo. Cuando la flaca me cuenta esto, me mira y me di cuenta que se le llenaron todos los ojos de lágrimas. Como pidiéndome disculpas por contarme eso. Entonces le agarré la mano y la acaricié suavecito, quedate tranquila Tuti, le dije, quedate tranquila. Entonces siguió. Me dijo que no podía dejar de contarme esto, después de tanto tiempo y se largó a llorar. Me levanté, le dí un abrazo fuerte y bajé a buscar carilinas. Cuando volví estaba con el mate y más tranquila, se sonó y me dijo que no sabía porqué mierda no me había dicho esto en ese momento. Fue hace tanto, me dice, pero lo siento como si hubiera sido ayer. Y entonces sí, me lo dijo medio entrecortada, no le salían las palabras, pero al final mirando al piso me reconoció que en ese momento se asustó, porque ahí sí que no ibas a estar conmigo, me dice., ahí sí que no iba a saber cómo hacerlo sola. Porque vos hacía poco que te habías enterado de que no podías tener pibes y yo sentí que no tenia derecho, entendés?.
Ahí yo también lagrimeé, te podrás imaginar, verla a la Tuti así y nos agarrábamos la mano fuerte, te digo que fue...no sabés. Entonces me cuenta que fue para esa misma época que Sergio le había dicho a Tito lo de la adopción, y que para colmo el viejo no había querido saber nada, entonces como que fue todo peor.
Y yo ahí ya no sabía como aguantarme las lágrimas negra, te juro. Porque vos sabés bien que para mí eso ya está, ya pasó, la vida uno no la elige, y yo la tengo a la Chichu, viste...está todo bien. Pero saber que la Tuti perdió la oportunidad... o no sé, que sé yo, la dejó pasar y ahora me contaba todo esto. Por suerte le dije en seguida que era una tonta, porque yo hubiera sido la tía del nene y que nunca la hubiera dejado sola. Si, ya sé, me dice, pero entendeme, me dice, esto me doy cuenta ahora, en ese momento me asusté y largué todo a la mierda. Estaba muy confundida, me dice, en serio sentía que vos hubieras sido mucho mejor madre que yo, que sé yo, me enojé yo también con la vida y mandé todo al carajo.
Bueno, la cosa es que te digo negra, no sabés lo raro que fue toda esa conversación. Pero me alegro, te digo, con los años que hace que nos conocemos con la Tuti, nos debíamos esta charla.
Ahora me dijo que está viendo de escribirle a Sergio, yo con todo esto le conté lo del almacén, que lo abrió al tiempo que nos mudamos con el viejo.
No sé, negra, ojalá que se arreglen que sé yo.
Ojalá.

8.18.2007

Sabelo

Pero si era tan simple. Se los veía venir che, no me podes negar que fue así, si al final lo comentaban todos pero cuando me enojé nadie me dio bola...no! como se te ocurre!!’ me decían, pero lo cierto es que nadie quería dar la cara por miedo a que le estampen una trompada. La cuestión acá es que si no dije nada no fue por miedo sino porque la verdad me importaba poco y nada lo que hicieran de sus vidas. Y si, soy un hijo de puta? Lo soy, que querés que te diga?, uno no anda de ángel guardián de quien al primer consejo te estampa...no es negocio viejo, no es negocio.

La primera vez fue cuando el ruso habló de la hermana de su mujer. Hacia rato que no venía a los grupos y de golpe paf!! salta con semejante rollo que a mas de uno lo calentó...si viejo, si estaban la mayoría de mal en peor ahí a dentro...escuchar lo que dijo el ruso y de la manera en que lo contó, hubieras visto las caras de las pocas viejas que de a poco se iban levantando, primero con la excusa del baño, después tosían fuerte para disimular un poco la vergüenza de las barbaridades que se mando aquél animal. El rollo era lo de menos, porque siempre se volteaba a alguna minita diferente, ninguna le duraba. No sabíamos si era porque en realidad no se acordaba a la mañana siguiente o qué, pero la cuestión era que el ruso siempre venía con una porno al estilo radial para compartir. Pero el día que contó lo de Susi a Claudio se le movieron todos los patitos de la fila...no quedó ni uno en su lugar...se puso loco el negro, y con razón. No lo culpo. Para colmo fue más raro todavía porque llegó tarde y escucho toda la historieta sin tener idea de quién mierda hablaba, seguro que también se calentó el negro, pobre negro, es mas feo y ni para pagarlas le da el cuero, pero en fin. Me acuerdo la cara que puso cuando se dio cuenta que hablaba de la Susi, ‘Con la Susi no se jode hijo de puta!!’ gritó...algunos pensaron que estaba en pedo y hubo cuchicheo, pero los que ya estábamos hacía tiempo sabíamos que el negro se ponía así...sin nada...Lo tuvieron que agarrar entre cinco para que el ruso no desaparezca del mapa, se cagó todo el ruso boludo este y medio amagó a seguir hablando hasta que vino el gordo y le desenchufó el micrófono. Si, en seguida todos nos dimos cuenta que lo estaba haciendo apropósito. Que ruso garca. Cuestión que Claudio salió a las putiadas y ahí no la dudé, porque soy hijo de puta pero no lo iba a dejar solo, si yo estuve ahí cuando la Susi me llamaba llorando que había que arrastrarlo del bar de Hugo para que no lo denunciaran. Claudio era terrible y yo hacía un año que venía limpio, me sentía culpable. La Susi era de fierro, la gorda lloraba pero con odio, con bronca y levantaba a un muerto para salvar a Claudio. Lo bancó en el departamento de la calle Chile todo el invierno y nunca le mezcló los tantos, ahí adentro la Susi ponía las reglas. Por eso cuando pasó lo del ruso yo sabía que era peor que si le hubieran violado a la madre, no la podía creer. Cuando salí no lo encontré, capaz que se tomó un taxi o salió corriendo, una cagada, pero se me fue.

La semana siguiente no vinieron ninguno de los dos. Para colmo había entrado Marta, te acordás de Martita? Con esas tetas nadie preguntó por el quilombo, la gente esta un poco harta también de tanta enfermedad. Pasó un tiempo largo sin que aparecieran, me contó después Roberto que el ruso había empezado a ir a la iglesia de Las Heras. No era chiste que alguien caiga ahí, porque son esas sedes que para economizar te mezclan J.A, A.A, con N.A, y el que nunca probó ya tiene presupuesto de todo lo que hay en la calle, me entendes? Es jodido...Pero bueno, mi culpa llegó a un límite y me abrí, al final ya bastante tenía con lo mío y si se mataban era problema de ellos.

Para Semana Santa, salgo del subte, me acuerdo que me dolía todo viejo, me estaba meando tanto que ese mismo dia me decidí a pedir turno con el médico, los riñones me estaban matando. No, no, pará...te cuento esto porque fue por el dolor que entré en la farmacia de la esquina de santa fe y bulnes, si, ya se, me rompieron la cabeza con el precio pero que querés, no podía caminar. El tema es que salgo medio doblado y me choca Claudio justo cuando estaba por cruzar, me dio una bronca que el hijo de puta después de todas las que le banqué ni me saludara...podes creer? Y si, claro que me vió, falto que me contara las pestañas boludo de lo cerca que estuvimos. Pero se va a la puta madre que lo remil parió, que te crees...por su puesto que me enoja, si es un forro de los peores...pero mas que nada me dolía por Susi, se venia el cumpleaños y si la cosa estaba tan podrida yo ni iba a aparecer.

Al tiempo yo ya estaba mas tranca, justo coincidió con que, a ver, dejame pensar...no, fue antes, pero me confundo porque como tuve que viajar dos veces, bueno, no importa, yo volvía o me estaba por ir a las toninas, a la casa que tiene la negra en construcción, tenés que venir algún día, no sabes los asados que nos mandamos...pero bueno, la cosa es que venía caminando, levanto la vista y los veo. Estaban los dos sentados frente a frente, los ví y no entendí nada. Una de dos, o estaban laburando juntos en algo, alguna tramoya de esas del ruso en las que siempre caga a alguno, o Claudio por fin había logrado sentarlo al puto ese y ubicarlo para que no se meta mas con su cuñada. Pero cuando vi desde atrás del árbol que la cosa venía demasiado tranquila no entendí nada. Me desconcertaron...viejo, te lo digo. Dos de esos sentados en un café, con el historial de mierda que tienen, no cazaba una, pero era tan raro que esta vez no me pude ir.

Como estaban sentados en el rincón, agarre y me metí de prepo por el fondo, si me vieron se hicieron los boludos, porque no parecio...El ruso fumaba un parissienne atrás del otro y Claudio anotaba compulsivo, loco, no sabes como estaba...pero no hablaban. Ni una palabra se dijeron. Justo se escucha Gol de Platense y se dan vuelta, se me subieron los huevos a la garganta che, pero no me vieron. Cuando se levantaron Claudio dejó un par de servilletas y se las arrebaté al mozo...fijate vos el pingüino del orto se me hizo el que había que respetar la no sé qué de la clientela, lo mande a cagar y me fui. Me acuerdo de esto porque sabes que me parece que era el mismo mozo del mundial? Claro!! en ese bar fue, ese mismo bar...el tema, a ver, correte, pasame del cajón de atrás hay una libretita marrón...sí, no, eeeesa. Mira, acá lo tenés, no se porque lo guardé, pero no se entiende nada, capaz estaba duro, mira la letra...vos decís? No se...ta muy tachado pero parece un mapa con calles, que se yo viejo, me intriga porque esta mi nombre entendés? Y te juro que no creo que sea de un tocayo. Con éstos nunca se sabe y yo tengo a la negra y a los pibes viste? No quiero exagerar pero te juro que si me rompen las pelotas no la dudo y los bajo. Si vos sabés bien que el comisario sigue siendo el mismo acá...los bajo, boludo que me miras asi?, te pensas que no lo hago? A mi no me van a venir a joder, ni idea en que se metieron pero no me van a venir a joder. Sabelo.

Tremendo estado trama

Tremendo. Un estado tremebundo. Trama. La trama de la historia que comienza.

Un rol. El mismo que desarrolla el dedo cuando el piano. El mismo que sin los demás dedos no es. Tu rol. Un rol en la trama de la historia.

Tremenda. Un historia tremebunda. Con tu rol. Junto al mío.

Una mano que toca un piano que afinamos juntos.

Un piano de cola. Blanco y negro. Teclas tan blancas como negras. Un rol. Compartido, porque tocamos a dúo.

Tremenda historia. Que comienza con un dúo de piano.

Un rol que cumplen cuatro manos. Con sus veinte dedos. Quizás menos.

Estado trema desde el piano. Un piano de cola en estado trema.

Velas. Velas con olor a jazmín. Un jazmín que recae y se convierte del blanco al amarillo pero que huele tan amarillo como blanco. Velas blancas y amarillas prendidas. El rol de las velas que son muchas en contraposición a un único piano. Pero que son pocas si las contamos con los dedos que son veinte.

Tremenda escena esencial de un piano, veinte dedos y muchas velas.

Vibra el piano. Ondas sonoras blancas y negras en forma de dedos color vela. Color jazmín.

Tremendo estado trema de veinte dedos.

8.17.2007

Antes no existía, ahora sí.

-Buenas

-Buenas.

-Como estás che..?

-Y, acá, medio medio en realidad.

-A si?, no me digas, por?

-Y porque me acaban de inventar, viste...

-Cómo?

-Sí, sí, me acaban de inventar, así que no sé bien...cómo estoy digo, la verdad, no sé.

-Pero qué estás diciendo?, cómo que te acaban de inventar?

-Sí, te digo que me acaban de inventar, hace menos de unos segundos no existía y ahora existo.

-Pero cómo sabes? Quién...Quién te inventó?

-Ah... no, me mataste. Ahí si que ni idea.

-Vos me estás cargando.

-No.

-Pero me desconcertás che , te juro que no entiendo

-Vos?! Vos no entendés? Y yo entonces? No tengo idea de qué hago acá, qué tengo que decir, hacer, ni siquiera sé que tengo ganas de pensar...es terrible, pero no me queda otra, no sé. Nunca me pasó antes esto de, así de golpe, existir.

-Y no, claro, me imagino, bah, no...en realidad, no me imagino. Pero debe ser extraño eso seguro.

Pero bueno, también puede ser una ventaja esto che...pensalo un rato así.

-Vos decís?

-Y sí, me parece que sí. Sos como quien dice ‘una hoja en blanco’

-Si, tenés razón, puede ser....

-No se...a ver, fijáte, vos cómo tenés ganas de estar?, ahora mismo digo.

-Y te diría que bien, pero tampoco sabría porqué...

-Bueno, ya vamos mejor, ves? Querés estar bien, no sos un depresivo ni un melancólico sin motivos...eso es una ventaja.

-Depresiva, melancólica.

-Ah!! Sos mujer?!

-Si.....creo que sí. No...bah, estoy segura que soy mujer. Pero ves? Me da una bronca che!! Porque me hubieran inventado con todo, entendés! Ahora sé que soy mujer pero nada más...

-Bueno, y querés estar contenta, son dos cosas importantes.

-Si, es cierto.

-Pero a ver...y cómo supiste que sos mujer, por ejemplo...?

-Y, no sabría bien, pero cuando me pensé me pensé mujer.

-Ah, o sea que sos lo que pensás en el momento? Esta bueno eso...

-Te parece? Yo como que todavía no estoy segura, de que esté bueno digo, porque todavía siento que soy a medias. Siento que soy mujer, pero tampoco sé del todo ni por qué, ni tengo recuerdos de haberlo sido...solo...me siento mujer, más que hombre.

-Con eso alcanza. Es más genuino tal vez. Hagamos como que es así. Sos mujer y listo.

-Dale.

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-Seguís ahí?

-Si, claro.

-Me preguntaba, ahora que ya no importa ni quién te inventó, es decir, por qué existís; ni por qué sabés ciertas cosas ya que simplemente las sentís...Tenés idea qué tenés ganas de hacer? Digo...porque me gustaría seguir charlando y no sabía si preguntarte...

-Mmm, si...charlemos, dale. Si total...no sé ni para qué pero tengo ganas.

-Buenísimo, reconozco que a mi tampoco nunca me pasó de charlar con alguien que recién empieza a existir. Es como que yo tampoco sé bien para qué, pero bueno, eso es otro tema.

-Que tema? Decime...

-Y...que cada vez que charlas con alguien nuevo, por mas que esa persona ya haya existido antes, no existía en lo que respecta a vos...por lo que, lo que te genera alguien nuevo siempre produce cosas diferentes, no te parece?

-Si, si...claro, es cierto. Como vos ahora con tus preguntas...son todas cosas que no me había preguntado antes y no las sabía hasta que quise responder (te-me).

-Exacto. Incluso podés elegir mentirme y jamás sabría como diferenciarlo.

-No lo había pensado así, pero...no me estaría mintiendo a mi también?

-Y depende. Puede que no.

-No, no...mira, no sé todavía quién soy, no te voy a andar inventando a alguien! Te digo, es demasiada energía la que se requiere y para serte franca, no estoy de humor para fantasías.

-Ok, era una idea nomás. Mejor. No parecés ser una mentirosa. Pero ni vos lo sabés, asi que no importa.

-Y, no.

(Pausa)

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-Bueno, entonces ahora que no importa ni quien hizo que existas, ni porque sabés lo que sentís, ni si mentís o decís la verdad.... todo lo que digamos tiene sentido.

- Ah, antes no? Cuándo no tiene sentido?

-Y, es muy extensa la respuesta, te advierto.

-Bueno, no importa, porque creo que igual no lograrías explicarla.

-Para ser alguien que recién empieza a existir ya sos bastante desafiante por lo que veo.

-Desafiante? No, no fue mi intención, para nada. Simplemente que creo que a todo se le puede encontrar el sentido. Mejor dicho, un sentido.

-Un sentido. Vale la aclaración.

-No sé, ahora que lo repetís, puede que sea lo mismo...ah, no.

-No qué?

-Que no es lo mismo. Para nada.

-A ver?

-Y...digamos que para vos esto tiene un sentido, para mi otro...por lo que ‘el’ sentido no existe. O ninguno de los dos lo vamos a poder percibir. Que viene a ser lo mismo.

-Y como estás tan segura de que los dos le vamos a encontrar sentidos diferentes? Por lo que veníamos hablando, los dos buscábamos descubrir cosas nuevas de ambos y por ende de cada uno, no es ése un sentido en común?

-Si. Tenés razón. Yo digo que lo que descubramos va a ser totalmente diferente y con resultados distintos. Pero es cierto, todo lo que digamos tiene sentido. Charlamos ahora?

-Dale.

(Pausa Reflexiva)

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-Bueno, veo que te inventaron cuestionadora.

-O vos lo generaste, eso también es probable, no?

-Si, nunca lo sabremos.

-No. Importa?

-En la medida en que intentábamos descifrar quién sos sí.

-Por que? Si en definitiva sea yo cuestionadora o lo generes vos, no deja de implicar lo mismo. El por qué lo soy no modifica en nada.

-Si modifica mi concepto de vos.

-Ahhh!!! Pero acá no se trata de que yo descifre tu concepto de mi. Sino a mi misma. Porque habría de importarme tu concepto de mi?

-Mira, creo que mucha gente logra definirse en función de lo que genera en los demás. No significa que la opinión de los demás tenga que importarte, ni que sea lo único relevante, pero muchas veces uno logra ver cosas de sí mismo, gracias a la mirada de los otros puesta al servicio de ciertas cualidades ocultas.

-Cualidades ocultas...puede ser que si. No sé por qué de pronto me puse tan a la defensiva, disculpa.

-No hay nada que disculpar. A decir verdad yo insinué que podías estar mintiendo, eso tampoco estuvo bien. Disculpame vos a mi.

-Okay.

(Pausa Incómoda)

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-Preguntame algo, dale? Todavía tengo mucha intriga de quién soy.

- De quienes somos.

-Si, también. Igual del pasado no podría ser, no tengo recuerdos.

-Aunque los tuvieras, vos sentís que uno es simplemente lo que fue?

-Y, me resulta extraño no saber como reaccionaría ante algo nuevo. Porque todo lo es.

-Pero eso a mi que ya existo de antes también me pasa.

-Si, pero tenés referentes. No se...experiencias. No?

-Si, pero lo que hice ayer no sé si es lo mismo que haría hoy. La gente cambia todo el tiempo.

-Si, ya se..igual vos entendés lo que quiero decir. Es como probar una comida, si no sabés qué gusto tiene, no tenés idea si te gusta o no.

-Bueno, puede ser, igual te digo, antes no me gustaban las aceitunas y después de muchos años las volví a comer y me gustaron.

-Y porqué las volviste a comer? Si no te gustaban.

-Justamente porque después de tanto tiempo ni me acordaba el sabor, y existía la posibilidad de que ahora si me gustasen.

-Ah, buen punto ese. La posibilidad.

-Si, la posibilidad, por que?

-Y porque no sé yo que posibilidades haya de que cambie si no se cómo soy. Es cambio o es algo que siempre fue así?

-No sé, eso lo sabés vos.

-No, tampoco, ni idea.

-Bueno, dijimos que no importaba el por qué, no? El tema es que empieces a probar aceitunas.

-Si. Claro.

(Silencio breve)

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-Me quedé pensando en esto del cambio, sabes...

-Qué te quedaste pensando?

-Y, en que es cierto esto de que las personas cambian, y al yo no tener un referente de lo que soy porque nunca antes fui también siento que estoy cambiando todo el tiempo, aunque no tenga algo con qué comparar.

-No entiendo.

-Y, es un cambio muy intenso el que uno manifiesta cada vez que experimenta algo nuevo, digamos que se pone uno a prueba ante lo desconocido. Si eso desconocido se traduce a absolutamente todo, imaginate la transformación absoluta a cada palabra que estoy pudiendo decir, descubriendo en mí misma la capacidad de cuestionarme éstas cosas, dándome cuenta de que tengo una opinión sobre algo que nunca supe que existía, a vos te pasa eso también?

-Y sí, en vos es como mucho mayor, claro. Pero yo también descubro nuevas posturas u opiniones o gustos a cada cosa o situación que se me presenta. Es difícil para mi imaginarte con esta capacidad de reflexión y no habiendo vivido todo el proceso de desarrollo que yo tuve, digamos en la infancia y demás etapas que hacen que hoy sea lo que soy.

-Ahora entendés mejor la sensación de ambivalencia entonces. En donde las cosas aparecen y no siento que sean mías, en donde las ideas se van a formando sin tener referentes de algo que las inició.

-No, igual habíamos quedado que no importaba el pasado, ni el porqué hoy podés pensar así, el que te inventó sabía bien lo que estaba haciendo.

-Si, pero ese que decidió inventarme no sabe lo que se siente recién empezar a ser y de golpe tener todo esto escupiéndose lentamente de mi mente.

-A lo mejor hubiera sido preferible no sumergirnos en este embrollo de cuestionamientos.

-A lo mejor.

(Silencio introspectivo)

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-Vos decís que hay un motivo por el cual me inventaron?

-La verdad, supongo que sí, pero también estoy seguro que nunca lo vamos a descubrir.

-Porque?

-Porque también siento que haya un motivo por el cual yo también existo, pero no podemos ver las cosas tan en retrospectiva como para percibir cuán influyente somos en el cambio de las cosas.

-Uh, no, te fuiste muy lejos, yo decía algo simple...porqué estoy acá conversando con vos, algo así.

-Y porque sospechas que esto es algo más simple?

-Es una simple conversación, no?

-Pero a lo que voy yo es a que ninguno de los dos puede ni podrá jamás medir el efecto que esta conversación tenga.

-Ah, bueno. Es como que siento que tengo que medir lo que digo ahora...no se por qué.

-No, no...justamente de eso se trata. No limites las posibilidades por no conocer los efectos. Si no está en nosotros el resultado, simplemente dejémonos llevar.

-No puedo evitar querer saber para qué estoy acá.

-Quizá lo sepas cuando dejes de preguntártelo.

-Puede ser. A vos no te intriga el por qué?

-Solía intrigarme si, ahora no. Me intrigan cosas mas simples.

-Como qué?

-Como las similitudes que existen en la variedad.

-Qué?

-Es muy largo, en serio querés saber?

-Siempre voy a querer saber.

-Menos mal. Bueno, digamos que a lo largo de mi vida siento que viví muchas vidas. Siempre acumulativas todas, en las que las ideas iban mutando tanto como el gusto por las aceitunas. Me costó mucho llegar a este momento en el que no me intrigan ni me carcomen las preguntas sin respuesta. Porque las asociaciones fueron apareciendo en la medida en que deje de buscarlas.

-Asociaciones? No entiendo.

-Mirá...un ejemplo simple, hoy vos y yo conversamos así, sin motivo aparente. Quizá solo dentro de muchos años yo entienda para qué, o por qué teníamos que tener vos y yo esta conversación. De nada sirve en el medio de todo eso, seguir pensando y preguntándome cosas que nadie puede responderme.

-Ah...sí sí...pero no sé si podría, ahora digo, porque al no entender mucho de lo que soy y todo eso, es como que no sé si tendría paciencia para recién comprender después de años.

-Aunque no tengas paciencia, vas a tener que inventarla. Porque hagas lo que hagas solo vas a entender cuando tengas que hacerlo. No cuando quieras. Que por lo general es siempre ‘ahora mismo’.

-Claro. Igual, mira vos, que extraño, justamente ahora mismo con todo lo que me decís, siento que lo que me contás es como una suerte de lección, algo que me sirve para pensar y conocerme, este puede ser el motivo, nada mas ni nada menos.

-Yo no puedo ni quiero darte lecciones, te cuento simplemente lo que yo sentí y lo que me ayudó a no esperar respuestas. Una vez alguien me dijo que cuando teníamos todas las respuestas cambiaron las preguntas. Por eso espero las respuestas, sin cuestionarme demasiado. Siempre llegan. Siempre.