
Salió del sueño cuando una gota resbaló, podríamos decir lentamente, del ojo izquierdo, siempre era el izquierdo, muy a pesar suyo, el izquierdo. No respiró sino hasta que el cuerpo lo exigió en un impulso nervioso imposible de controlar. Se preguntó si se habría suicidado alguien simplemente conteniendo el aliento, sin esperar respuesta...liberó la duda a la realidad como un pensamiento que nadie escucha, que nadie presiente y nunca nadie recordará...pero que sin embargo se repetiría sucesivas veces en lo que quedaba del día. Se habrá muerto alguien con solo desear dejar de estar vivo, seguía imaginando como quien juega a descubrir dudas poniendo a prueba la posibilidad en un millón de que alguien, como muchos tantos, se atreva a proclamar conocer a un tal, que siempre era conocido de alguien más, que siempre era imposible de rastrear, que sí, admirablemente y para sorpresa de la media que estaba acostumbrada a lo habitual, efectivamente se murió así, con solo desearlo, con solo aguantar la respiración y detener el cuerpo y con eso liberarse de eso que suele doler, eso que nos atrapa y que irónicamente es con lo único que contamos, lo único que siempre es nuestro, aquello que perdura mas allá del nombre y de los rasgos mismos... mas allá de la capacidad de recordar...mas allá de todo.
El cuerpo es, no así la mente. No.
Se secó el proyecto de lágrima, no prestó atención a si era el dedo o la uña la responsable de dar fin a esa línea transparente semi salada que había decidido escaparse del ojo aun cerrado con la vista aun en negro...pero que se había escapado justamente de ese cuerpo que la tenía aprisionada...se liberó para morir, para morir realmente?. Muchos podrían explicar que su mutación serviría para prolongar el tiempo perdiéndonos en una extensa explicación química e incluso física de qué fue exactamente lo que sucedió con esa lágrima, con la sal de esa lágrima, con todo lo que esas partículas mojaron mientras el dedo y la uña. Pero no. Murió. La lágrima pudo abandonar su condición de lágrima.
Sería la primera vez. Todos los despertares eran la primera vez. Primera vez de despertar. Primera vez sintiendo ese día que no era igual a la noche ni al día anterior. Y siempre el debut constante sin preámbulo ni ensayo, y siempre el estreno sin aplausos. No existía la rutina en el sentimiento, no en mi, pensó y entonces odió de pronto esa primera escena, odió súbitamente el primer acto sabiendo que no le importaba en lo absoluto la crítica ni destructiva ni constructiva de ningún espectador, era una escena sin diálogo y mucho menos con monólogo, no. Este momento, esta primera vez en un desunirse, solo, tan solo como en el sueño.
Hubieron unos instantes, casi minutos, casi horas, casi años...hubo una eternidad de silencio. Un silencio ajeno al contraste con cualquier ruido posible y de hecho presente, no. Este silencio carecía de opuesto, despojado de contraste, un silencio de vacuidad que no por eso brindaba paz ni tranquilidad, sino mas bien una cierta desesperación en este primer acto solitario sin monologo ni destino, un silencio que bloqueaba uno de los sentidos del equilibrio...dejando enclenque en el aire cualquier silogismo, dejando fuera de contexto cada inspiración y demostrando una vez más cuán abstracta podía ser una lagrima desplazándose sin nadie que la oiga caer.
El cuerpo es, no así la mente. No.
Se secó el proyecto de lágrima, no prestó atención a si era el dedo o la uña la responsable de dar fin a esa línea transparente semi salada que había decidido escaparse del ojo aun cerrado con la vista aun en negro...pero que se había escapado justamente de ese cuerpo que la tenía aprisionada...se liberó para morir, para morir realmente?. Muchos podrían explicar que su mutación serviría para prolongar el tiempo perdiéndonos en una extensa explicación química e incluso física de qué fue exactamente lo que sucedió con esa lágrima, con la sal de esa lágrima, con todo lo que esas partículas mojaron mientras el dedo y la uña. Pero no. Murió. La lágrima pudo abandonar su condición de lágrima.
Sería la primera vez. Todos los despertares eran la primera vez. Primera vez de despertar. Primera vez sintiendo ese día que no era igual a la noche ni al día anterior. Y siempre el debut constante sin preámbulo ni ensayo, y siempre el estreno sin aplausos. No existía la rutina en el sentimiento, no en mi, pensó y entonces odió de pronto esa primera escena, odió súbitamente el primer acto sabiendo que no le importaba en lo absoluto la crítica ni destructiva ni constructiva de ningún espectador, era una escena sin diálogo y mucho menos con monólogo, no. Este momento, esta primera vez en un desunirse, solo, tan solo como en el sueño.
Hubieron unos instantes, casi minutos, casi horas, casi años...hubo una eternidad de silencio. Un silencio ajeno al contraste con cualquier ruido posible y de hecho presente, no. Este silencio carecía de opuesto, despojado de contraste, un silencio de vacuidad que no por eso brindaba paz ni tranquilidad, sino mas bien una cierta desesperación en este primer acto solitario sin monologo ni destino, un silencio que bloqueaba uno de los sentidos del equilibrio...dejando enclenque en el aire cualquier silogismo, dejando fuera de contexto cada inspiración y demostrando una vez más cuán abstracta podía ser una lagrima desplazándose sin nadie que la oiga caer.