Conocerla fue casi tan placentero como sacarme las medias en verano.
A medida que la iba escuchando, la sensación se condensaba en libertad. Una a una sus palabras en un tono entre soberbio y determinante parecían delimitar una especie de onda en el aire. No sé si era tanto lo que ella decía, sino cómo lo decía, ella hablaba una verdad con la humildad de quien sabe que tiene razón. Tanta razón incluso para aceptar estar equivocada sin que eso modifique en lo absoluto su verdad. Hubiera aprobado el error solo por el hecho de considerar que aquel que la escuchaba no estaba en condiciones de aceptar la verdad...de entrar en razón. Comprendía indiscutiblemente el límite de quien la escuchaba pero sabía detectar un interlocutor lo suficientemente digno para iniciar un debate, aceptar una refutación. Entonces sus ojos se abrían casi perversamente cuando lograban sorprenderla con un buen argumento, era casi como si la hubieran rozado en la entrepierna. Algo similar a un desafío hacia el cual se entregaba plenamente hasta que aquel adversario estimulante, tarde o temprano, se convertía nuevamente en el sapo al cual de ninguna manera se dignaría a besar esperando el milagro metamorfoseante.
Y justamente observarla bastaba para comprender que no eran simples palabras ni desarrollos originales lo que me permitirían introducirme en aquel escenario, uno que muy a pesar de mi presencia en la conversación, aun no me pertenecía.
Pero tampoco consistía en estrategias minuciosas el imaginarme retador de tal artista. Fue simplemente motivo de sonrisa saber que aun existían posibilidades de toparse con una personalidad desafiante y estimuladora en un tiempo en el que los entornos se desfiguraban a tal punto en el que la soledad no consistía en un motivo de angustia ni tristeza sino un simple modo de auto preservarse ante todo aquello que me moldeaba en la simple interacción. Cuán desesperante se había tornado esa necesidad de recordarme a cada instante que yo era mas, mucho mas que todo eso que me obligaban a ser. Mas allá de la conciencia contrastante en la que se depositaban cada uno de mis actos, libres actos con responsabilidad, todo eso no impedía que yo fuera habitante de un mundo plagado de personas que renegaban por formar parte de este mundo. Y al llegar a este tipo de pensamientos, en los que mis propias tendencias parecían no pertenecerme, en los que las sensaciones por vívidas que fueran resultaban ser una más del conjunto, del mega conjunto de todo aquello que se siente, entonces tomaba conciencia de lo poco original que es todo aquel que pretende ser original...y cuando todo esto de golpe insistía súbitamente a mi alrededor y bajar la vista suspirando resultaba inevitable...
me acordaba, una vez mas, de sacarme las medias.
5.24.2008
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