10.08.2007

La hna. de William Morris-(previa) 2nda noche-


Maia sentada en el piso, tratando de construir esos barcos imposibles con fósforos que en algún momento, aseguró, metería en la botella de ron que giraba de vez en cuando en el piso.
El turco parado al lado del teléfono, esperando ese llamado y comiéndose las uñas mientras compulsivamente deshilachaba el apoya brazos del sillón.
Marco iba y venía de la cocina sumamente tenso y repetía una y otra vez que nunca había usado el horno –“nunca en mi vida, podés creer...y si cuando lo abro explota?, no, no...nonono...nooo, lo apago, ya fue”.
Kosca en la ducha descubría lo intenso de un masaje capilar gracias a un shampoo fragancia manzana, con la puerta abierta cada tanto nos dejaba escuchar un ‘Wuaw, try this...people’. Sara elongaba de piernas abiertas en bombacha y corpiño de espaldas a la cama donde Bruce no disimulaba su acto de masturbación debajo de la frazada. Salí al balcón. Esquivé el canasto lleno de gomas de borrar que Marco coleccionaba diciendo que algún día se acabaría la luz eléctrica y necesitaríamos combustible. Me senté en el piso. El tiempo se detuvo y me encontré sola frente a la sonrisa del gato colgando en el cielo. Cerré los ojos y su imagen llegó a mi, junto con un escalofrío en la boca del estómago. Balanceé mi cabeza esperando olvidarlo y entonces sonó el teléfono. Entré de un salto y todos adentro despertaron para prestar atención. El turco nos miró a todos con los ojos muy abiertos antes de contestar y previo a levantar el tubo estiró los brazos y abrió y cerró las manos sacudiendo la cabeza. Bruce, malhumorado, se levantó de la cama y enfiló al baño, no toleraba esos cortes abruptos llenos de sin sentido.
-Si soy yo, decime...se...cuándo?...okey, somos seis así que fijate vos. Sí seis que cuentan por seis. Pero te lo digo yo!, que te pasa?
Kosca salió de la ducha y totalmente desnuda se paró junto al turco, haciéndole caras de que no la hechara a perder...-’Don’t, don’t fuck this, do you hear me?-. El turco se dio vuelta y destapó un marcador con la boca, en la pared anotó un número de teléfono y cortó. Kosca lo empujó y casi lo escupe, pero el turco la agarró del brazo y se lo retorció al tiempo que le gritaba ‘mirá putita, acá el que la mueve soy yo, no me jodas’.
Marco destapó el tinto y se sentó en el piso junto a Sara quien se dejó sin decir palabra cuando él la recostó en el piso y le empezó a volcar vino en la espalda para después lamerlo lentamente. Maia había terminado, el masacote de fósforos y cola se desparramó en el piso un segundo después de que lo despegara de la alfombra. Ella quedó sentada con la mirada perdida en un agujero negro de desilusión. Una lágrima se le escapó y enseguida se paró y lo aplastó con todas sus fuerzas. El masacote quedaría pegado en la alfombra para siempre. Entonces lentamente se vio atraída por el vino, la lengua y la espalda que jugaban en el suelo al borde de la cama...pasó por la cocina y trajo un pote de dulce de leche...y los tres se embardurnaron como si se tratara de la última noche.
-Marco, dale sacá lo que tengas ahí adentro, tengo hambre.-Dijo el turco desde el sillón.
-Quién te dijo que tengo algo ahí...
-No te puedo creer, sos capaz...estuviste pelotudiando con el horno y no metiste nada?
Marco se paró, fue a la cocina y cerrando la puerta rompió un plato.
Sara indignada, se desparramó en la cama y prendió un sahumerio, era como si el llamado nos hubiera recordado que estábamos ahí.
El turco sacó la libretita negra y pasaba las hojas casi rompiéndolas en el apuro, levantaba la vista, miraba la pared y la bajaba de nuevo revolviendo las hojas sueltas.
Parada en la puerta del balcón observé la imagen y la fotografié en la memoria.
Sara yacía en bombacha junto a Maia y empezaban a acomodarse las dos en la cama. Cansada de tanto mirar, me fui directo al baño. Corrí la cortina y encontré a Bruce recostado en la bañadera bajo la lluvia de la ducha. El agua estaba fría y entré con él acostándome encima. Nos quedamos así, quietos un rato largo, yo subía y bajaba al ritmo de su respiración, él cada tanto me lamía el cuello absorbiendo parte del agua fresca hasta que ya no hubo quietud. El agua fría, sus manos en sectores que yo misma descubría propios, de ojos cerrados los dos...lentamente imprimiendo cada rincón como si estuviéramos ciegos y quisiéramos encontrar ese cuerpo en cada cuerpo.
Sonó el teléfono una vez más. No pude evitar abrir los ojos y separarme de eso que éramos, fuimos dos de nuevo y él me miró con desprecio, bruscamente me levantó y me sacó de la bañadera... él no podía entender, nunca quiso entender, mejor.
Empapada llegué al living para encontrar una vez más la imagen congelada y cuatro en silencio, algunos mirando fijo al turco, otros mirando al techo.
Maia salió de la cama y noté en Sara el mismo desprecio de los ojos de Bruce.
Esta vez el turco no habló. Escuchaba atentamente, se mordía el labio, se daba vuelta, caminaba, pero casi no dijo palabra...hasta que cerrando los ojos cortó. Kosca esta vez, suspiró y pateó un almohadón pero no dijo nada. Yo no aguanté más, me vestí y me fui, pero antes, entré a la cocina y apagué el horno, viendo como Marco, sentado en el piso intentaba pegar el plato con plastilina verde agua.
Salir a buscar. Salir y encontrar.
Una vez más, la noche.