8.22.2007

Trance infantil


Ella miraba hacia abajo. Su cabeza se balanceaba...lentamente, como si intentara arrullar sus ideas en un leve y casi imperceptible ir y venir del cráneo. Desde la puerta del baño la observaba en silencio, logrando recorrer su desnudez, percibiendo como en realidad era ella la que, sin querer, se manifestaba aún más desnuda por no prestarme atención. Sentada tan así, tan como si estuviera vestida, tan cómoda en su cuerpo como si la propia piel la protegiera de sí misma. Con una pierna extendida y la otra flexionada, una de sus manos sobre la rodilla y la otra columpiándose perezosamente, en un trance infantil. Toda ella engalanaba mi cama.
Se cortó la luz. Como si hubiera previsto que iba a pasar, y sin levantar la mirada, ella extendió la mano que reposaba en su rodilla y encendió la vela azul que agonizaba junto al grabador. Sólo cuando retomó su posición y después de rascarse suavemente el cuello, elevó su mentón, dejando que su mirada descansara en mis ojos. –Mirá –me dijo casi susurrando, y sus ojos despertaron para indicarme el trozo de sábana que protegía entre sus piernas abiertas. La mano que antes se movía ahora dejaba caer en el suelo un trozo de algo. Caminé intrigado y parado al borde de la cama desecha, descubrí entre el rombo de sus miembros su obra maestra. –Feliz cumpleaños- me deseó. Y en su sonrisa comprendí que ese garabato tenue de abstracta simbología, dibujado en ese ir y venir de una mente que durante mas de veinte minutos había bailado al compás de su mano, ese dibujo hecho con los restos de agua de un saquito de té, había logrado colmar las expectativas de la artista.