
Tememos lo que no creemos comprender. Porque en caso que, a pesar de estar entendiéndolo todo mal, creamos realmente que sabemos bien lo que pasa (o pasará) ese temor tiende a no surgir.
Un poco lo mismo que cuando alguien nos está explicando y a mitad de la frase nos surge una duda, una incógnita que nos escupe del contexto – que mientras siga ella ahí sentiremos que nada de lo que continúa siendo explicado nos será realmente develado – y es entonces donde pueden suceder dos cosas: podemos permanecer en silencio y esperar que quizás con suerte en lo que sigue de la explicación hallemos la respuesta a nuestra tan intrusiva e incómoda pregunta; o bien, padecer de lleno ese agujero negro que tiñe lentamente, a medida que nos siguen explicando, toda posibilidad de que nos creamos aptos de comprender...impidiendo de hecho el poder permanecer prestando atención.
Me resulta clave esta noción de creencia.
Casua-causalmente hace unos meses atrás me descubrí sintiendo nuevas sensaciones frente al término. Coincidió con una especie de intriga antropológica frente a los efectos de las religiones. Un poco desde lo simbólico social, un poco desde lo cósmico-espiritual.
Recordé por aquellos días esta idea de que cada hombre elige su religión en cierta medida. Independientemente de la familia o el país (cultura) que lo haya engendrado, también un Tecn. Analista de Sistemas (o un Programador, etc) cree en su mundo cibernético que le permite reducir su realidad a un campo en el cual se siente seguro, en el cual cree positivamente existe cierta clase de evolución. Elige en qué cree, le da cuerpo a su dios. Aún cuando no se detenga a meditarlo, aún cuando incluso lo niegue, el simple hecho de dedicar su vida a estudiar y tratar de comprender –porque siente, quiere y cree que puede- ese mundo de códigos y contraseñas, ya determina su inclinación de lo que supone útil y trascendente. Se sentirá inspirado y conmovido (tal vez tanto o más que un sacerdote) frente a las innovaciones cibernéticas que redefinen a la humanidad entera despojándola de límites. Éste entendido de las máquinas y los circuitos cree tanto en el hombre como el hombre mismo que es. Cree quizás más que el sacerdote quien cree en el dios que creó al hombre. Para éste, su dios es una creación-descubrimiento-invento del mismo hombre. No se pregunta para qué está acá sino que a cada descubrimiento, a cada cruce de fronteras recibe una respuesta sin siquiera formular pregunta.
Ahora bien, éste hombre, que cree en la creación del hombre, no convive casi con hombres. Porque su mundo, su realidad computarizada lo impulsó a desentenderse, por simple comodidad, de las complicadas y jeroglíficas sensaciones humanas.
Le resulta imposible a cada día que pasa, comprender cómo es posible que la misma raza –con idénticas aptitudes y con rasgos genéticos instintivos de iguales características- que inventó a su dios-máquina, sea capaz de recibirlo tirada del lado derecho del sillón con la nariz roja y los ojos hinchados de tanto llorar, saludándolo con un reproche por la hora, por un llamado no atendido, por una toalla mojada que mil veces no debería haber quedado tirada en el baño y que cuántas veces más lo va a tener que decir si en definitiva ahí las palabras ya no significaban nada, se gastaban de tanto repetir...y en medio de todo eso un pañuelo más que de un soplido aumentaba su peso absoluto para ir a parar al rincón.
Toda la admiración de dios reducida a un rincón lleno de mocos. Y sin embargo eso era la humanidad. Con la incongruente nube que caprichosamente nos ocultaba el sol de la revelación. No era más que su anomalía. Su nube. Su incógnita no preguntada a tiempo.
Nunca dudaría en su capacidad de comprender teorías de Análisis Matemático III, cátedra única. Porque la duda hubiera implicado la posibilidad de no comprender. Sin embargo cuando los pañuelos se amontonaban en el rincón, la nube lo sumergía en la tiniebla. Dejaba de ser súbitamente ‘el hombre creado por dios’ que puede estudiar ‘el dios que creó el hombre’, para pasar a ser el hombre-hormiga que sale sin paraguas y que empapado y desprevenido se encuentra a sí mismo días después, aturdido y un poco riendo para no enloquecer, sentado a la izquierda del sillón, con mocos, pañuelos y sed. Entonces se acuerda (sólo porque tiene tiempo, sólo porque ahora lo siente) que tiene un cuerpo y que el cuerpo le duele. Le molesta casi tanto como la nube de incógnitas o tal vez más; se funden ambas molestias en una sola tormenta de nubes púrpuras con algún que otro rayo que ilumina pero sólo para mostrar lo oscuro de las entrelazadas masas de aire y agua y electricidad. La verdadera luz, la calma real, aún esta lejos. Ahora tan solo mocos en el rincón.
Quizás. Porqué no? Otra vez el hombre lo rescata del hormiguero y le pone entre los dedos el control. Sentado a la izquierda del sillón, basta con mirarlo para nuevamente sentirse un poco menos inseguro, lo que alcanza para creer que es seguridad. Entonces ya no es más él ahí, ya no es más mocos y toallas, ahora él es pasos en la luna, él es rayos láser, él es robótica avanzada. Él, que sentado ahí ahora que es toda la humanidad, puede incluso sonarse la nariz sin ser mocos, tomando firmemente el control y encendiendo la caja que irónicamente lo alejaba de ser bobo, sentirse bobo. La boba.
(El contraste de un bobo cerca siempre nos recuerda una inteligenciaausente...en el presente en mi...en él, presente en mi...en mi presente inteligencia)
Encendió la caja y sintió que la nube se evaporaba cual burbuja que explota apenas salpicando. Ya fuera de la tormenta, doscientos canales que lo acercaban al mundo y lo alejaban del sillón. Colores, sonidos soundround, megapixeles en la ventana mundial. El hombre y su fabulosa humanidad. Zaping. Sol. Se asomó a mega-construcciones, puentes y represas, gente que mueve casa enteras. Tiempos que se reducen, fronteras que se cruzan. Ciencia-tecnología. Sonreía sintiéndose parte. Su mismo idioma. Su dios, creado un poco también por él ahí en televisión, como un documental de su propia pasión. Un poco él ahí. En la televisión del mundo. Un poco él ahí. Un poco de él en el mundo.
Luego un viento.
Esa mega-construcción que derivó en sonrisa descansaba sobre arenas movedizas y resultó imposible evitar que se pierda lentamente pero acaso demasiado rápido como cenizas del cenicero de la ventana.
Eso fue. Un viento leve. Sin tormenta. No era necesaria esta vez. Sin tormenta un viento simple...desde la ventana.
Porque una vez más la incongruencia lo derrumba. Eso que no es posible que él crea que puede comprender. Porque no cree en sistemas paralelos. Porque creer implicaría descreer de otras cosas y no podía negar bajo ningún punto de vista su mega-estructura.
Cómo era posible que en el mismo canal de su mundo televisor, en el documental de su pasión por el hombre, existiera un fragmento dedicado a la Astrología y la carta natal y a la no-ciencia explicada como ciencia y los mocos en el rincón manchándolo todo?! Devolviéndolo al hormiguero en el que sin comunidad la hormiga se pierde y muere y la nube nuevamente cubriéndolo todo y sus propios mocos mediocridad sin sentido, y qué lejos entonces de estar en la televisión si el mismo canal...
He aquí un nuevo dios. A pesar de compartir en cierta medida parte de su idioma Análisis Matemático III, cátedra única, no va a considerar jamás como ciencia el estudio de los astros en función del comportamiento del hombre ni de sus características. Todos los mismos mocos separaditos en diferentes pañuelos. Pero mocos al fin, todos síntoma del mismo virus de lo no exacto, de lo especulativo, de lo instintivo que lo alejaba tanto de su noción de hombre actual. El instinto servía en la selva y hoy le corresponde a los animales. La ciencia nada puede tener que ver.
Así nuestro analista de sistemas descree de lo no exacto. Cree en el virus. Compulsivamente se suena una y otra vez los mocos y separados en bollitos descansan en el rincón la Astrología, la Psicología, la Antropología y demás gías.
Descree. No las necesita sino por el contrario lo contaminan.
Y es tan válido como el yoghi que medita en la montaña. Éste descree de la máquina y no consume. No lo necesita sino por el contrario lo contamina.
Submundos absolutos. Para conocer creo en la información que absorbo, sino descarto. Busco en donde de antemano sé que voy a encontrar.
Aunque mientras tanto no me de cuenta. Aunque inclusive de hecho, lo niegue.