1.29.2012

(prototipo)

Saberse oliendo a salchicha no era una buena forma de iniciar el día con algún propósito. Pero a Edgard ese dato se le escapaba por mucho, así como todo aquello que no seremos nunca capaces de percibir de nosotros mismos.
Edgard no era un tipo sucio, alguien que olvidara cambiarse las medias de un dia para el otro. Sin embargo ese dia sudaba oliendo embutido de un modo poco usual.
Digamos que la señora del quiosco no pudo evitar su gesto de repugnancia sino hasta que noto de quien se trataba y al retirarse Edgard ella supo que había logrado discimular lo suficiente como para no herir su masculinidad. Basto que cruzara la puerta del local para que muy a desgana encendiera un sahumerio viejo, prometiendo no cocinarle a su marido nunca mas salchichas.
Cuando al llegar a la oficina Edgard se saco el saco, tampoco noto como discimuladamente Rosita, desde el otro lado del pasillo entre abria la ventana al tiempo que cubria levemente su nariz en una mueca de interrogación. Las habría servido con pure? O ensalada?... Al señor Edgard no le vendría mal una dama que le hiciera una buena cena de vez en cuando.