1.29.2012

Rubén que es Raúl

Rubén, que puede que se llame Raúl, pero a mi me suena mas a que es Rubén, maneja un taxi. Hoy, mientras la llovizna me hacía cosquillas en la cara, Rubén estacionó levemente cerca del cordón y no pude más que subir a su auto. Podría haber seguido caminando la decena de cuadras que tenia por delante, podría nunca jamás haber conocido a Rubén, (que ahora me suena mas a Raúl)…ni haber notado como los bigotes se le escapaban tanto de las comisuras de la boca que inclusive de espaldas podía uno notar como se curvaban apenas sobre su sonrisa.
Raúl manejaba prudentemente. Los días de lluvia invitaban a que todo fuera un poco más prudente al volante. Sin embargo Rubén no llevaba puesto el cinturón de seguridad.
Pasaron las cuadras y note que además de la fiel compañera de todo navegante del asfalto, que casi siempre en A.M. mantenía conectado a Rubén con opiniones, partidos y publicidades con cantitos muy años cuarenta…Rubén, que bien ahora podría ser Raúl, además tenia una compañera muy siglo veintiuno: La gallega.
La gallega de Raúl me causo un poco de gracia. No tanto por ser como es, esa guía maquiavélica que invita a quienes deberían pensar y elegir rumbos, a entregarse a la aletargada maniobra del condescendiente que obedece ordenes., sino mas bien porque la Gallega de Rubén, que ahora es la Gallega con mayúscula…venia con Delay. Por lo que en las pocas cuadras que compartí con Raúl, la gallega en vez de indicarle a Rubén el camino, iba como haciendo un recuento del recorrido con una o dos cuadras de atraso. Pasamos entonces a través del viaducto, y ella nos recordó una vez afuera que efectivamente, debíamos prestar atención al túnel.
Y era inevitable: la radio perdía protagonismo, cuando la Gallega tan sutilmente, en su voz casi de guía de turismo, nos contaba un cuento, nos devolvía a esa imagen que la oscuridad del Viaducto nos había hecho sentir…tal vez sin darnos cuenta del todo que estábamos pasando por el mismo…ya que nadie nos había dicho que prestáramos atención.
Rubén tiene un bigote. Raúl también. Y creo que se siente menos solo teniendo a alguien que lo ayude a recordar el paso del tiempo, el recorrido de sus pasos, las huellas de un pasado. Rubén que ahora definitivamente es Raúl tiene sombrero y hoy me llevo a lo largo de diez cuadras por un viaje en el tiempo…en una dimensión que recorrió el destino, a once con cincuenta el viaje, el presente en frecuencia moderada a.m. nacional, y un pasado necesario siempre de recordar.
Menos mal que preste atención.